LARA CARRASCOSA, Tenerife
Teófilo González asumió la dirección técnica de la Asociación San Miguel hace pocos meses. Dada su dilatada experiencia en el mundo de las drogodependencias, se ha propuesto como reto ampliar la labor de la asociación a las adicciones no tóxicas.
-¿A cuánta gente ha ayudado San Miguel?
-La asociación San Miguel inicia su andadura en el año 81, cuando crea su primer centro de atención al drogodependiente en la calle Horacio Nelson. Actualmente San Miguel gestiona una red bastante amplia que está compuesta por cuatro unidades de atención a las drogodependencias. También existen tres centros de prescripción de metadona que están ubicados en Santa Cruz, en Ofra y en La Laguna. Así mismo, tiene la responsabilidad de gestionar el centro de día, que es un centro de rehabilitación y de integración social de población drogodependiente. Es el único que hay en la provincia y está ubicado en La Laguna. También tiene un programa en la cárcel, en Tenerife II, que lleva ya 15 años. Llevamos a cabo un programa de intervención especializada con menores consumidores de droga y hemos puesto en marcha también en colaboración con seis ayuntamientos el programa SOL (Servicio de Orientación Laboral) para la integración sociolaboral del drogodependiente, porque si logramos mantenerlos abstinentes pero no los integramos socialmente a través del trabajo, la recaída es más que probable.
-Ahora quieren embarcarse en la atención a otras adicciones, co-mo la ludopatía o el tabaquismo. ¿Tienen capacidad para abarcar problemas tan diferentes?
-Somos una red muy potente. Con 58 profesionales, hay médicos, psicólogos, pedagogos, trabajadores sociales, farmacéuticos, y estamos bastante bien estructurados. En cada unidad de atención a las drogodependencias hay un equipo terapéutico básico formado por una trabajadora social, una psicóloga y un médico, a parte del administrativo. Lo que pretendemos desde San Miguel es ser útiles a la sociedad tratando todo tipo de adicciones. Se produce un hecho que responde a una realidad social, que son las adicciones a internet, a móviles, a la lupopatía, al sexo. Queremos tratar, a parte de las afecciones típicas con carácter tóxico, esa vertiente de las adicciones que son las no tóxicas. Con tratamientos específicos para las drogas legales, en concreto el tabaco, y también una adicción que nos preocupa mucho que es el auge del consumo de benzodiacepinas, conocido como Tranquimazim. Estamos teniendo mucha población que viene con dependencia a estas pastillas.
-El Tranquimazim es un medicamento legal que se dispensa con receta médica.
-Estamos intentando coordinarnos con Atención Primaria. Queremos dar una respuesta en tiempo real a la situación del siglo XXI en adicciones. Y esta respuesta pasa por ver y por tratar y por ofrecer a la sociedad un tratamiento diferenciado.
-En el tabaco, los tratamientos pasan por unos sustitutivos o medicamentos cuyos efectos secundarios son muy fuertes.
-Lo cierto es que hay muchas personas que intentan, con diversos tratamientos, dejar la adicción a la nicotina y no lo logran. Estamos teniendo en nuestras unidades muchos pacientes que vienen por consumo de otras sustancias, heroína o cocaína, que son consumidores de tabaco y que son incapaces de dejar el hábito de fumar. Próximamente, vamos a dar a conocer todo un protocolo de una nueva oferta terapéutica para dejar el tabaco.
-¿Ese nuevo giro hacia otras adicciones viene dado por el cambio del perfil del drogodependiente?
-El drogodependiente antes era visible por su aspecto físico deteriorado. Pero hoy el drogodependiente se hace invisible. Hoy podemos ver a una persona integrada, normalizada, que lleva una vida normal y pasa desapercibido. En este sentido, los perfiles de los pacientes que vienen a nuestros centros son de todo tipo. Desde San Miguel, como institución que trabaja para el Gobierno de Canarias, lo que se pretende es ajustar la oferta terapéutica a la realidad social. Seguir atendiendo a los programas que ya tenemos, pero dar una respuesta a las adicciones no tóxicas. Igual que intentamos dar respuesta a los menores consumidores de droga.
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