ÁLVARO MORALES, Puerto de la Cruz
La huelga de basura del Puerto cobró en la tarde noche de ayer tintes muy feos tras la decisión del gobierno local de recurrir a camiones y una pala de una empresa privada (Orotrans) para recoger las más de 400 toneladas de residuos de todo tipo que se acumulan en las calles desde el pasado jueves. La controvertida decisión se ampara en un contundente estudio de Salud Pública que corrobora que la situación de la ciudad aconseja medidas drásticas porque los focos de infección y los riesgos eran ya demasiados elevados. El equipo gobernante se cree amparado por la ley, pero los trabajadores del servicio y los sindicatos, principalmente UGT, consideran que se ha cometido un "atropello" a sus derechos fundamentales y se ha dado una situación de clara traición por usar "esquiroles" para la limpieza. Por eso, anunciaron una denuncia que se presentará hoy.
El edil de Medio Ambiente, Jaime Coello, no comprende la actitud de los empleados, resalta el preacuerdo alcanzado, cree que todo está muy politizado y aclara que el gobierno no está sustituyendo el servicio, ni incumpliendo el derecho a huelga, sino afrontando y resolviendo una urgencia de salud pública.
Estas claras discrepancias quedaron de manifiesto ayer, desde las siete de la tarde, en el depósito municipal de Playa Jardín. Un cordón de unos treinta policías locales y nacionales protegía la salida de los citados camiones, un total de seis, de la posible reacción airada de otra veintena de huelguistas, reacción que se acabó confirmando y reforzando con la llegada de más trabajadores en huelga y algunos familiares. "Esquiroles", "traidores" y "nos veremos por el Puerto" fueron algunas de las frases que los huelgistas les dirigieron a los 25 trabajadores del ayuntamiento que, ahora en áreas como Obras y Servicios, fueron llamados por el gobierno para que se ocuparan de unas labores que ya desplegaron en el pasado. De esos 25, unos 16, según las cuentas de los empleados de Sufi-Tarajal que les increpaban desde la acera de enfrente, acabaron desistiendo y marchándose. Sin embargo, otros se subieron a cuatro camiones y una pala que sí salieron para recoger la basura, produciéndose los momentos más tensos.
Las personas que iban en la pala y el camión que salieron los primeros recibieron insultos con nombres propios. Sin embargo, lo más duro se produjo cuando salieron otros tres camiones. Algunos huelguistas corrieron detrás hasta interrumpir varias veces su marcha. A uno le lanzaron una bolsa de basura. A otro, cuyo conductor se tapaba la cara con una especie de pasamontañas improvisado, no pararon de increparlo. La policía también corrió y frenó con contundencia a los trabajadores más alterados, produciéndose varios tumultos. Al final, reinó la calma, pero la cosa se ha puesto fea.
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