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TROMPULGA Y CHICHAPIÉ JOSÉ A. INFANTE BURGOS

Cacerolas. Por un euro más, una batería, sartén o cacerola de diseño

16/abr/08 20:13
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LA NOTICIA, la opinión, la palabra impresa..., se escondieron tras los cuatro cacharros, y las técnicas de comercialización se impusieron a las fantasías de interpretación social. Muy poquitos los que leemos y necesario el esfuerzo de incrementar la tirada. Con el primer recipiente metálico y redondo "a coste" engancho a diez euros a los que quieran los restantes y encima obligo a comprar el periódico. "El País" puso en las muñecas de los habitantes del Estado un millón de relojes. Los lectores se extinguen y los sesudos manejadores de las herramientas del marketing ya no saben lo que inventar, estrujándose el cerebro. Se busca el gancho, enchufando de refilón el rotativo.

Encontrar algo novedoso y escandaloso, como un llaverito de "Chiquilicuatre", una pepona de "la niña de Paulino", el ratón exclusivo de la Dolorosa o el grabador de arepas con el "por qué no te callas". Esto para no quedarse con los escasos habituales y sorprender con reclamos que llamen la atención del apático y pasota consumidor medio de "cultura".

Para vender y ganar mercado hay que hacer el pino. Demasiada competencia y competitividad. Como en otros sectores, no basta con exprimir las posibilidades del mundo informativo y rodearse de profesionales capaces de traducir los acontecimientos e inquietudes. De una línea sólida, de un buen diseño, maquetación, comercialización... No, no basta. Lo siento. El periodismo parece tener la obligación de aceptar las "mercachuflas" que surgen para dinamizar la asimilación por el gran público. Por la masa.

Mucho más del 50% de la programación mayoritaria de la televisión es un ejemplo de jocosidad payasa, hiriente o idiota. De famosos y famosillos haciendo de cacerola de reclamo. Regalando dinero, coches y culebrones azucarados para el lambuceo de la colectividad "zombie" que solo pretende evadirse con tonterías y no complicarse la vida con nubes etéreas o tormentas de ideas. Incapaz de tragarse un documental de ciencia. Las carreras de cada jornada no permiten pensar y si piensas lo haces en el pago de la hipoteca o las contestaciones que te dio tu hijo.

Con la literatura pasa lo mismo. ¿Han visto las portadas, las encuadernaciones, los formatos, incluso los estilos exitosos de las ediciones nuevas? Marketing puro. Se produce un alto porcentaje de libros especializados y resúmenes comodones para no menear la mente. ¿Por qué? Pues porque hay un "full", "overbooking". Porque "no hay cama pa´tanta gente". A veces pretendes leer un libro y llevas siete páginas sin enterarte de nada. Con la mente divagando en tus hecatombes cotidianas. No asimilas el completo del día y menos el libro. Puede que tragues el triunfo del Barça para discutir con el vecino, a Pepe Benavente o al Fari, pero nunca el telediario con la corrupción. Funcionas como simple autómata, rechazando complicaciones. Los profesionales solo escriben para las élites o para los "snobs". Para minorías. Así que señores de la prensa, sí (como irremediable) a las cacerolas, la sombrilla del centenario (no importa de qué), la muñeca inflable de un drag queen o la maqueta de Las Teresitas/2.100 . Como en los McDonalds, buscando el flash de atención. Con los Simpsons o Cristo Marrero haciendo de Cristiano Ronaldo. Da igual, ustedes como todo "kisqui", ¡haciendo el pino!

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