DE AYER Y DE HOY, en gobernantes y en gobernados. Las familias y los pueblos la sienten y la expresan conforme a su época y a su estilo cultural por los efectos del poder político que viven. Reflexionemos en estas notas: nadie puede gobernar eficazmente si ignora a sus gobernados, esto sería un ciego guiando a ciegos. No hay buen gobernante sin buena prudencia, ni buena prudencia gubernativa sin la firmeza en los fines necesarios y sin hábil flexibilidad en los medios apropiados. Apelar a la responsabilidad personal de los súbditos para no urgir el cumplimiento de las leyes equivale a sentenciar que las leyes y los gobernantes están de sobra, sustituidos por el árbitro de cada cual. ¿De dónde ha provenido esa promoción de personas impecables que no necesitan leyes para bien obrar e impulso superior para cumplirlas? Cuánto ganarían las naciones si la autoridad se encomendara a quienes prestigian con su correspondencia, no a los incompetentes que se prestigian con ella. Ningún abuso de la libertad es tan indebido y tan perjudicial como el de los gobernantes. Nada desautoriza tanto al gobernante como el abuso de la autoridad. El buen gobernante es el más sacrificado servidor de todos. El gobernante egoísta es el mayor explotador de los servicios de todos. La peor tiranía es la que más se encubre con el pretexto y la apariencia oficial de libertad. En estas breves reflexiones no me resisto a mencionar las consideraciones y advertencias, tan claras y oportunas para todos los tiempos, de un prelado español, escritas en la década de los ochenta, sobre la necesidad de vivir la auténtica autoridad política y de evitar que sea falseada, cuyas consecuencias, positivas o negativas, no se hacen esperar en los ciudadanos. Transcribimos resumidamente los siguientes textos:
El Gobierno no debe tener en sus manos todos los poderes. La acumulación de poderes dinamitaría la democracia. Debe prevenirse contra los peligros del poder hegemónico, contra la tentación que puede sentir el Gobierno de todos los poderes amparándose en fáciles pretextos.
Los socialistas ejercen la autoridad pública legítimamente como consecuencia de las elecciones. Es esta una de las reglas del juego de la democracia y todos debemos acatarla. Pero no es lo mismo autoridad que "poder real". El Gobierno debe llevar la dirección del pueblo que rige. No debe tener en sus manos todos los poderes. Tan sólo las dictaduras personales o de partido asumen todos los poderes para imponer a la sociedad sus propias ideologías o sus peculiares intereses, aunque sea con la excusa del bien de la sociedad. Las circunstancias del mundo actual han ampliado el radio de acción de los gobiernos, lo que a su vez supone una tentación para todos los que tienen las riendas de la sociedad. La de ampliar cada vez más los ámbitos del poder para mayor bien de pueblo, como dicen normalmente, sin darse cuenta de que una concentración absoluta de poderes es prácticamente una dictadura, aunque se revista con el ropaje de la democracia.
Es indispensable que exista un verdadero control de cualquier poder para evitar abusos al que se siente instintivamente inclinado por la autoridad. Pero, al mismo tiempo, sería no sólo discutible sino digno de censura el afán del Gobierno de monopolizar el poder haciendo perder la eficacia de los controles legales. Nuestra democracia es aún joven (1986) y atraviesa un momento peligroso, porque se pueden encontrar "pretextos" para esa acumulación de poderes que, en definitiva, dinamizan la misma democracia. No se debe confundir el poder fuerte con la concentración absoluta de poderes en manos de una persona o de un grupo. Esto sería antidemocrático y antihumano.
Esto lo escribió, en 1986, el cardenal Vicente E. Tarancón en una de sus "Cartas semanales" dirigidas a un cristiano. El ejercicio del poder político hasta convertirlo en comunidad democrática "es un arte difícil y noble" (Vaticano II. GS.75). Y por eso, toda precaución es poca siempre para ejercerlo con dignidad y por el bien común de todos los ciudadanos. Actualmente, ¿cómo está España para alcanzar y vivir esta meta por parte de sus gobernantes y gobernados?
* Capellán de la clínica
S. Juan de Dios
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