finaliza la semana con la reelección de José Luis Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno de España, después de dos votaciones y un debate de investidura en el que se han podido escuchar muchas cosas, algunas tan interesantes como las pronunciadas por la portavoz de UPyD, Rosa Díez, acerca de la finalidad de su trabajo en la Cámara Baja: "Trabajamos por las futuras generaciones, no para las próximas elecciones". He ahí la clave de la labor que tienen encomendada los 350 diputados que salieron elegidos de las urnas hace ahora un mes.
Pero quizás no todos los hombres y mujeres que ocupan un escaño en la Carrera de San Jerónimo tienen tan claro como Rosa Díez cuál es su misión durante los próximos cuatro años. De momento, por ejemplo, tenemos muchas dudas sobre el papel que va a desarrollar la portavoz de Coalición Canaria, Ana Oramas, en el Congreso de los Diputados, pues, a tenor de sus intervenciones, parece estar más preocupada de la próxima cita con las urnas que del futuro de este Archipiélago. Así lo hemos expuesto esta semana en varias ocasiones, advirtiendo del error que está cometiendo si prosigue por el camino ahora emprendido.
Y la verdad es que estamos preocupados y desconcertados con la también alcaldesa de La Laguna, a la que siempre hemos considerado ?así lo subrayamos el martes? "uno de los soportes políticos nacionalistas más sólidos... una de las cabezas mejor amuebladas que tiene Tenerife, de las pocas que ya existen". Ya con motivo de la entrevista que EL DÍA publico el pasado domingo alertamos de que las causas de que el modelo de CC esté agotado hay que buscarlas en "la acción e inacción de dos expresidentes del Gobierno de Canarias, que se pusieron de rodillas ante Las Palmas, ofertándole a la tercera isla del Archipiélago todo, hasta su honestidad política".
Estamos de acuerdo con Oramas en cuanto al diagnóstico de lo que le pasa a CC. Ahora bien, discrepamos en las propuestas formuladas para sacar al nacionalismo canario del hoyo en el que se encuentra, pues ha pasado ya el tiempo de exigir más cuotas de autogobierno y otras majaderías, porque lo único que consolidan es el sometimiento y esclavitud política de Canarias a un Estado situado a casi 2.000 kilómetros.
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Ha llegado la hora de que Canarias reclame la soberanía que le fue arrebatada en el pasado por la fuerza. El tiempo nos devora. Hay gente joven que puede esperar ?no tantos años como el Eje Transinsular de Adán Martín? y gente que no está en disposición de que se demore más la actual situación. Desde esta Casa hace tiempo que venimos reclamando a CC y al resto de las formaciones nacionalistas que den un paso al frente para aprovechar la declaración de la ONU sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales que expira en 2010.
Con este objetivo hemos pedido al presidente del Gobierno canario, Paulino Rivero, que viaje a Madrid, no para pedir clemencia ?como ahora ha hecho su correligionaria Ana Oramas?, sino con la frente bien alta, con orgullo y con dignidad, para exigir que se nos devuelva nuestra identidad plena, lo que es nuestro, nuestro territorio, nuestro mar y nuestro cielo, y lo que nos merecemos porque ?insistimos? nos fue arrebatado por la fuerza en el pasado: nuestra libertad y nuestra soberanía. Que sintamos de nuevo nuestra alma canaria abierta a pleno pulmón en una patria y un país canarios.
Y, mientras tanto ?no hay tiempo que perder?, se pueden hacer otras cosas. Entre ellas, elaborar un Estatuto de transición del que desaparezca el "Gran", el orden alfabético al enumerar las islas y el diseño actual del escudo y que tenga como fin convertirse en la constitución del Archipiélago, que bien pudiera ser el Estado Libre Asociado de Canarias.
Todos estos objetivos chocan, sin embargo, con la actitud que ha mantenido a lo largo de esta semana la portavoz de CC en el Congreso de los Diputados reclamando para las Islas más de lo mismo y aplaudiendo que Zapatero califique a Canarias frontera sur de Europa, papel que no le corresponde a las Islas, sino a Cádiz, que es donde termina el territorio continental. Canarias, por si todavía alguien alberga dudas, es un archipiélago, no una región, y no necesita mayores cuotas de autonomía, sino la soberanía total. Por ahí debe ir el trabajo de los nacionalistas en la presente legislatura. No deben consumir sus esfuerzos en peticiones plañideras.
Canarias necesita lo que le corresponde en justicia: su libertad administrativa y política, sin sumisiones ni dependencias y menos del virreinato de Las Palmas. Y como queda muchísimo trabajo por hacer, lo conveniente es no marear la perdiz y centrarse en los objetivos claros, que pasan por el tránsito hacia la descolonización.
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Y si desconcertados nos ha dejado que CC siga manteniendo en las Cortes el mismo discurso, estupefactos nos hemos quedado al escuchar que su portavoz, Ana Oramas ?política sobre la que no hemos escatimado elogios? se convierta ahora en la gran defensora del tren de "Gran" Canaria, isla que carece de la extensión, forma, perímetro, radios y población necesarios para semejante infraestructura ferroviaria. Como apuntamos ayer, de cometerse la torpeza de derrochar dinero en esa estupidez, lo único que se habrá hecho es un tiovivo de feria, no un medio de transporte. La alcaldesa de La Laguna debería repasar lo que le ha sucedido a su formación política con tanto guiño a Las Palmas. Ahí tiene los ejemplos de Manuel Hermoso y Adán Martín, que se desvivieron en otorgar inversiones e infraestructuras a Canaria y sólo consiguieron que CC desapareciera del mapa en la isla de enfrente.
Céntrese en su isla, Tenerife, y en su provincia, tierra por la que fue elegida, y deje que de la tercera se ocupen otros que tienen instalados allí sus centros de decisión. No olvide lo que reiteramos en EL DÍA: a los canariones, ni agua; con los canariones, ni a misa.
¿O será que Ana Oramas es muy diplomática y nos sorprenderá, muy pronto, con la consecución de la soberanía plena? Y de la unión de los cuatro municipios del área metropolitana, ¿qué? ¿Dejaremos que nos muerdan los galgos o podencos, mejor dicho, los lobos canariones?
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en democracia, la capital única del Archipiélago debe volver a donde estaba: Tenerife, con más de 400.000 habitantes, capital de Tenerife, isla con casi un millón de habitantes.
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