VENTURA GONZÁLEZ, S/C Tfe.
A estas alturas de la película no deberían permitirse determinadas cosas. Que en un fútbol tan avanzado siga habiendo injusticias del calibre de la que cometió el árbitro Pérez Montero con el Tenerife, es para reventar de impotencia.
El penalty con el que el colegiado le regaló el punto al Elche es de esas jugadas que saltan a la vista, de las que no necesitan repetición. Fue una de las poquísimas veces que los ilicitanos entraron con ventaja en el área blanquiazul, allá por el minuto 38 de la segunda parte. Rubén encaró a Navas, le regateó hacia fuera y el portero le sacó el balón con todo el brazo extendido y bien visible. Pérez Montero sancionó penalty. Alarde visual que no tuvo en el derribo a Iriome en el área contraria o en la mano de Raúl Martín, que no sancionó con tarjeta, algo que sí hizo luego para expulsar a Óscar por una acción parecida, incluso más involuntaria que la del visitante. Total, un atropello muy difícil de justificar desde el error humano.
Son dos puntos menos, con los de Gallo Moreno en Las Palmas suman cuatro, pero hay que reparar en el guión de este partido para entender cuánto duele esta injusticia. Por ejemplo, hay que contar que el Tenerife fue mejor que un buen Elche y que, en especial en los últimos 10 minutos de la primera parte, alcanzó un rendimiento de equipo grande. Y hay que añadirle a este guión cruel que incluso con diez jugadores y después de encajar el gol, el Tenerife se lanzó al ataque y tuvo dos ocasiones clamorosas. El desenlace es tan duro que no cabe descartar una buena dosis de daños morales en un equipo que estaba empezando a tocar techo.
El Elche, que empezó muy fuerte, presionando muy arriba y con dos delanteros, fue superado luego en todo. Los dos centrales locales, impecables, sujetaban a un Tenerife al que le costó un poco de tiempo dar el paso adelante y coger la manija. El equipo de Oltra no salía de su campo y estaba trabado en la presión, pero poco a poco se fue imponiendo en base a encontrar caminos por los que progresar. Hubo uno que fue clave: la banda derecha. Iriome descubrió su zona para darle camino a Bertrán, que subió una y otra vez hasta desajustar la presión visitante. El gol se veía venir. Lo tuvo Nino en el 37', pero Willy se quedó con el balón de casualidad. Y lo marcó Óscar llegando desde atrás en el 42' después de una excelente jugada con centro de Iriome al espacio libre. Los minutos finales del primer tiempo fueron tremendos. El Elche desapareció, borrado del campo por un gran Tenerife. Intenso, con movilidad y toque, llegada por fuera, sorprendiendo con su juego de tocar y moverse...
El segundo tiempo empezó con las dos únicas ocasiones del Elche en todo el partido, no muy claras, pero un síntoma de que el Tenerife no empezó muy en ritmo. Luego el partido se equilibró y, aunque a los de Oltra les faltó sacar alguna contra más, la situación estaba controlada hasta que llegó la mano ajena. Antes, hubo un claro derribo a Iriome en el área. David Vidal metió tres cambios al mismo tiempo y modificó su dibujo inicial. Puso a Rubén en el enganche, quitó a un punta (Miguel) y buscó más conexiones por abajo con 4-2-3-1, tratando de aprovechar la posesión de balón. No cambió sustancialmente el desarrollo del juego, hasta que el árbitro sacó el fusil y echó a Óscar Pérez. Con 10, el Tenerife descompuso la línea de 4 volantes, juntó a Ricardo con Martínez y se quedó en 4-2-2-1. Oltra metió a Longás en banda y luego lo tuvo que rodar al centro para darle la manija y que enfriara el partido, pero no hay solución que pueda con un penalty así. El Tenerife, con todo en contra, metió otro punta y se fue a buscar el gol de forma suicida. Mikel y Nino tuvieron el gol de la heroicidad en sus botas.
Es para estar muy orgullosos.
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