En la montaña más alta
La luz de la luna sobre la noche
[misma
con la paz del universo,
alumbraba cintas multicolores de
[vegas solitarias.
Cristales de fría lluvia con el
[viento murmuraban.
Lentamente en la penumbra de esa noche tan extraña,
pasó una nube dorada y vio una
[alfombra verde
con ramas enlazadas.
Y en lugares desiertos iban sur-
[giendo ramos
de florecillas blancas.
Como sonoro contrapunto,
en el brocal del cielo, las som-
[bras se replegaban.
Y se durmió la nube. La cubrió
[la noche.
La envolvió la nieve. Le cantó el
[viento.
Y llegaron las tinieblas cubier-
[tas de nostalgia.
Le pusieron un corazón rojo
en el mismo centro de las entra-
[ñas
en la montaña más alta...
de la nube surgió un volcán
como la espuma de una ola
o el esplendor de una estrella bri-
[llando solitaria.
Y en el misterio de un sueño
con el albor de la mañana,
un pintor anónimo como alado
[labrador,
sembró a su alrededor el incom-
[parable paisaje
De las Siete Islas Canarias.
Olga González de Servando
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