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MIGUEL ZEROLO AGUILAR *

Una senda nacionalista

13/abr/08 20:11
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Puerto Rico es un Estado Libre Asociado. Esta figura es, desde el punto de vista jurídico, inexistente en otro lugar del mundo. Muchos especialistas en la materia consideran, incluso, que esa situación en la que la isla caribeña está vinculada a los Estados Unidos es, desde el ámbito del derecho internacional, una incongruencia, cuando no una ilegalidad. Es más, la mención de Estado Libre es una reiteración, ya que un Estado es libre porque se le supone la soberanía, elemento necesario para considerarse estado, por tanto en libertad. Sin embargo, más allá de las contradicciones jurídicas de la formulación -mucho más compleja, que implica una constitución propia, elementos coloniales como que los puertorriqueños no eligen al presidente de los EE.UU., etcétera-, lo cierto es que la vinculación territorial de una isla periférica a la realidad geográfica de los Estados Unidos se fundamenta en ese "atajo legal" que se adoptó a mediados del siglo pasado de manera que Puerto Rico dejó de ser colonia para formar parte del gigante norteamericano.

Esta mención en torno a Puerto Rico -muy somera- viene a cuento porque hace unas semanas declaré en Televisión Canaria, a preguntas del periodista Carmelo Rivero sobre si me sentía independentista, que uno de los caminos que podría tomar Canarias es algo similar a la situación de Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Analizando la realidad política de la isla caribeña, está claro que el sistema constitucional español de reconocimiento a las nacionalidades -como la canaria- y el ordenamiento pseudofederal mediante las comunidades autónomas hace a Canarias poseer un modelo de autogobierno y de relación con el Estado español más abierto, más ventajoso.

No obstante, estudiando la condición puertorriqueña se observa que poseen sus propias cámaras legislativas, tienen libertad para establecer relaciones internacionales -sin dejar de estar bajo el paraguas norteamericano-, mantienen el español como lengua oficial por encima del inglés (hasta la señal de tráfico de "stop" se sustituye por "para"), priorizan la proyección de su acervo cultural, etcétera. Es decir, poseen identidad propia pese a estar vinculados a otro Estado, del que reciben ayuda y cuyos órganos legislativos y judiciales también ofrecen garantías a los puertorriqueños.

Por tanto, mi referencia a que Canarias podría ser un Estado Libre Asociado está plagada de matices, sólo es una idea, una propuesta para que, en definitiva, el Archipiélago tenga mayores cotas de autogobierno y de decisión sobre sus intereses. Si lo solicitan, incluso históricamente, otras naciones más cercanas al ordenamiento geográfico tradicional del Estado español, como Cataluña, País Vasco o Galicia, ¿qué problema hay en que esa petición, ese debate, sea lanzado desde un conjunto de islas a más de 1.500 kilómetros de distancia del otro territorio español más cercano? Si los canarios deciden o entienden que somos lo mismo que Teruel, Albacete o León esa propuesta, ese análisis de futuro de la nación canaria, no tendría razón de ser. Pero sabemos que no es así. Canarias es diferente desde el punto de vista geográfico, territorial, social y hasta cultural, lo que no es óbice para que pertenezcamos al Estado español y a Europa. Incluso, en esta transición política a la que está sometida el viejo continente, caminamos, curiosamente, hacia la conformación de un estado federal de estados donde el Parlamento Europeo y las altas instancias de la Unión Europea cada vez tiene mayor influencia e importancia en los denominados estados tradicionales que, sin perder su soberanía, sí que se articulan cada vez más alrededor de normas superiores que manan de Bruselas o Estrasburgo. ¿Se puede establecer en España un símil parecido de relación Canarias-Estado español al que se encamina la de Estado español-Unión Europea? Quizás a corto plazo no, pero debemos empezar a hablar de ello y, claro, sé que debemos ser los nacionalistas los primeros en afrontar esos y otros interrogantes.

Cuando a Coalición Canaria se le pide que eleve su tono ideológico, que adopte una postura en el ámbito de las ideas y de futuro de las islas, creo que se nos insta, en parte, a que abramos el melón que esconde las cuestiones a las que ya me he referido. Y se nos urge a ello porque la mayoría sabe que lo haremos con serenidad y con diálogo. Creo que el nacionalismo canario ha demostrado responsabilidad durante muchos años ante las cuestiones importantes para la armonía y la convivencia en España y estoy seguro de que debe ser un nacionalismo no radical el que asuma el inicio de un debate fundamental para definir el futuro de Canarias. No se trata de alimentar ínfulas independentistas ni nada parecido, pero necesitamos afrontar cuestiones que en otros territorios llevan años poniendo sobre la mesa, dejando al margen, por supuesto, a los canallas y cobardes que han usado la fuerza de las armas o la coacción. Y voy hablar de cosas concretas. ¿Debe Canarias gestionar sus puertos y aeropuertos que, por cierto, otorgan millonarios beneficios a una entidad estatal que no reinvierte casi nada de ese superávit en las Islas? ¿Debe Canarias tener voz y conocimiento de las relaciones con países como Marruecos cuyas costas están a escasos kilómetros de las nuestras? ¿Debe Canarias poseer una Hacienda propia tal y como ocurre en el País Vasco y Navarra? ¿Debe Canarias tener el reconocimiento territorial de sus aguas interinsulares? Son sólo algunos interrogantes, cuya respuesta está condicionada por la realidad. Sí, Canarias ha crecido, se ha consolidado democráticamente, pero también es verdad que ahora, en un espacio internacional diferente, con un gran Estado europeo y con una realidad territorial, cultural y social dispar frente al resto del territorio español, puede que sea la hora de hablar, no sé si de ser un Estado Libre Asociado, pero sí de que el Archipiélago canario tiene identidad propia suficiente para emprender un nuevo diálogo -sin histrionismos, pero sí con la suficiente fuerza- con el Estado español. El proceso puede tardar años, décadas, y serán los canarios, mediante el sistema democrático de las urnas, los que apoyen o no ese camino, pero a mi juicio es la senda que nos queda a los nacionalistas para que abandonemos esa tierra de nadie ideológica en la que ahora nos sitúan muchísimos canarios.

* Alcalde de Santa Cruz de Tenerife

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