CUANDO la economía canaria camina de proa al marisco y nuestro Gobierno autónomo inventa unos raros planes para ayudar a las empresas a salir del hoyo, el Ayuntamiento de Santa Cruz cierra, hasta el momento, ocho de las "terrazas" instaladas en la vía pública. El concejal de Servicios Públicos, don Norberto Plasencia, informó de las intenciones municipales en ocasiones anteriores a manera de advertencia, pero no le han hecho caso. Pero el señor Plasencia continúa con su matraquilla de que seguirá trabajando para que todos los locales de ocio de la ciudad estén debidamente regularizados, lo que implica que los amos tienen que aflojar a la corporación municipal la cantidad que está establecida por las ordenanzas correspondientes, por colocar sillas y mesas en espacio público. Y, como en todo caso, las sillas y mesas a retirar no caben en el interior del establecimiento, alguien que estuvo en Marruecos, donde, en vez de sillas, se usan cojines en el suelo en los bares de lujo, y nada en los demás, empleando la socorrida costumbre mora de sentarse o ponerse en cuclillas en el pavimento de adoquines o en las losas de las aceras, propuso copiar la moda. Pero no parece muy atractivo, sobre todo para las mujeres algo culudas, con perdón. Algunos "lugares de ocio" de esta clase, como los llama el señor Plasencia, han hecho la prueba, pero se han dado cuenta de que en el suelo no se puede jugar ni al dominó ni a la brisca ni al envido, porque las fichas y las cartas se hacen un asco. Además, los clientes tienen que coger la tapa que acompaña al vaso vino o a la cerveza con las manos sucias, porque lo que es la calle de La Noria, por ejemplo, donde hay varias terrazas, pero, como su nombre indica, llenas de tierra, chicles pisados y otras cochinadas. Y eso, claro está, es malo para la salud y hasta para el paladar, porque si se cuela en la yesca una hormiga de las grandes procedentes del vecino barranco, les pica la lengua como una serpiente cascabel.
Las zonas de Santa Cruz inspeccionadas y penadas hasta el viernes pasado fueron la calle de La Noria, el llamado parque Bulevar, que nunca he sabido ni por qué ni quién le puso ese nombre, y la calle del Castillo. Pero afirma el señor Plasencia que en la semana que viene seguirán las inspecciones para ir cerrando más terrazas en los siete días que hoy empiezan. A ver cuántas terrazas caen y dejan las plazas y aceras sin una silla o una mesa donde dar un tropezón. Y opina don Norberto que los vecinos, turistas, laguneros y visitantes en general, si quieren descansar sentados, que se acerquen a la playa de Las Teresitas, pero no vayan por donde está, dicen, comenzando las obras que nadie sabe si alguna vez se terminarán. Allí pueden comer y beber a sus anchas. Pero llevando las viandas, porque las casetas también las cierran.
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