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A ESTAS ALTURAS CARMEN RODRÍGUEZ WANGÜEMERT

Semanita

13/abr/08 20:11
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APUNTO estuvo de engullirnos la investidura con sus ofrecimientos y exigencias de diálogo. Con ecos -diálogo, diálogo, diálogo-. Los políticos nos han nutrido con sus retóricas; a algunos hasta los han satisfecho. Y todos contentos con las rebajas, porque es justo no perder de vista que se propone como fin y propósito aquello que, en el Parlamento, debe ser premisa y no solo promesa.

Lo cierto es que Madrid debe ser el séptimo cielo. Seguro. Si no, de qué la disputa entre Oramas y López Aguilar sobre si vienen y van, sobre si se quedan o vuelven. Cansan. Aburren. Aunque no a Zapatero, que dice estar más contento que en 2004, sin explicarse muy bien acerca del porqué.

El presidente da muestras de ser un investido que, pasadas las sesiones, parecía el viernes algo adormilado; desorientado entre la hibernación serena que no logra definitivamente y el varapalo de la realidad de una crisis que ahora acepta, pero que no verbaliza en todos sus términos. Porque él sabrá. El sabrá de sus alegrías y de cómo y con qué rapidez actuará para combatir la desaceleración económica que pisa los talones. Todos sabremos.

La semanita ha sido de las de resaca. De aquellas agotadoras, llenas de especulación, en las que se sabe de antemano lo que va a pasar, y casi cómo va a pasar, pero que mantiene en alerta. El viento, desde que comenzara, trajo el aislamiento y la amenaza de sus efectos de pérdidas para el plátano, desde hace tanto en crisis.

Y el mar, siempre imprevisible, alcanzó hasta Santa Cruz, cuando parecía improbable y entre fuertes batidas, a sesenta y dos emigrantes desde alguna costa de África. Y los trajo en la misma semana en la que la Universidad de La Laguna, como aseguró su rector, aspira a convertirse en un actor estratégico para reflexionar sobre la inmigración. En una semanita en la que la inmigración volvió al juego político. Pero, sobre todo, en medio de una marejada en la que la acción de las asociaciones, ONGs y cooperantes promueve pedir, de manera más contundente, que los Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Canarias sean accesibles y abiertos también a los medios de comunicación, como mejor medida para ampliar el conocimiento del continente vecino a través de sus personas; de las que están aquí. Me sumo a esta marejada, y otorgo a estas palabras la función de solicitud, así como de deseo y de confianza en la responsabilidad informativa.

 

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