Si de algo me siento profundamente orgulloso es de una institución que pertenece a todos los canarios, como lo es el antiguo Hospital Clínico de Tenerife, hoy Hospital Universitario de Canarias (HUC).
Desde hace casi cuarenta años, los profesionales que han pasado por él y los que, a día de hoy, ejercen su labor son los que han conseguido que el HUC ocupe un lugar privilegiado en el prestigio como institución. Desde el punto de vista conceptual, sigue reuniendo las características básicas e imprescindibles de un hospital europeo competitivo, como son: personalidad jurídica propia, consejo de administración, cartera de servicios, gerencia descentralizada y competencia en la diferencia.
Tanto el Hospital Universitario de Canarias como las restantes unidades son imprescindibles para la prestación de la asistencia sanitaria que demanda la población de Tenerife y, en general, de Canarias, y con respecto a aquél, su campo de acción se orienta, fundamentalmente, a la asistencia hospitalaria de la población radicada en el sector norte de la isla, aparte de ser centro de referencia provincial y regional en algunas especialidades médicas. Sin embargo, el concepto de protección integral de la salud que inspira el sistema atribuye a los hospitales vinculados e incluidos en la red hospitalaria de utilización pública no sólo la atención sanitaria especializada requerida por los problemas de salud de mayor complejidad, sino también actividades de promoción de la salud y prevención de la enfermedad, curación y rehabilitación y de investigación y docencia, en coordinación con la Atención Primaria, de acuerdo con las directrices establecidas en el Plan de Salud de Canarias y en los respectivos Planes de Salud de las áreas de Salud.
Dichas estas palabras, las cuales hemos creído totalmente necesarias dada la triste situación que rodea nuestra cirugía cardíaca, queremos aclarar que si hay algún problema en la especialidad mencionada (que lo hay) es únicamente un problema laboral. Se ha hablado de auténticos disparates durante varias semanas y no entendemos por qué ocurren estas cosas, ¿o nos hemos olvidado que estamos hablando de sanidad?
Los cirujanos cardíacos que trabajan en el Hospital Universitario de Canarias no se merecen (ni tienen necesidad) lo que les está ocurriendo. Es importante repetir, y lo haremos las veces que haga falta, que hablamos de profesionales cuyo trabajo diario ha reflejado siempre una calidad equiparable a la media nacional.
Tristemente han sido protagonistas (sin quererlo) de unas críticas injustas y, por supuesto, innecesarias. Somos los primeros en querer que la seguridad de los miles de pacientes que pasan diariamente por el HUC sea la mejor. Pero no sólo los cirujanos, también el resto de personal se preocupa diariamente de ello.
Ajenos al bombardeo continuo de las últimas semanas, se han seguido preocupando sólo de una cosa, presente siempre: mejorar la salud de las personas que pasan por sus manos. Si es cierto que se nota en la gente cierta tristeza y amargura por los calificativos morales vertidos sobre ellos, han sido los primeros en mantenerse atentos en todo momento y no descuidar la calidad sanitaria que hasta el día de hoy ofrecen a sus pacientes.
Desde el Gobierno de Canarias, el Cabildo Insular de Tenerife y la Junta C. Asistencial, han sido rotundos desde el principio. La consejera de Sanidad, Mercedes Roldós, ha insistido en la constante defensa de los pacientes y profesionales envueltos en este problema estrictamente laboral. No hay nada que ocultar y es por ello por lo que todos los profesionales están totalmente tranquilos.
No podemos terminar hoy sin decir que no entendemos cómo ciertos políticos han intentado "sacar tajada" a tan desagradable asunto. Si se hacen las cosas mal, somos los primeros en denunciarlo, pero lo que no se puede hacer es crear una alarma social como se ha pretendido. Por ello, rechazamos la actitud de ciertos políticos del PSOE, cuyo esfuerzo en el asunto ha estado centrado en polemizar. Esta vez, no han estado a la altura de las circunstancias. Sus filtraciones sobre evaluaciones externas (pedidas por la dirección del hospital) sólo tienen sentido si la intención es entorpecer. Si con esto han querido obtener rédito, no lo entendemos.
* Senador por la isla de Tenerife, vicepresidente 2º
y consejero del área de Sanidad y
Relaciones con la Universidad
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