EN MEDIO del océano Atlántico, al noroeste de Madeira y a unos 1.500 km. de la costa lusitana -a la altura de Lisboa-, se encuentra el archipiélago de las Azores, que también forma parte de la Macaronesia, como Canarias. Su paisaje es una mezcla de volcanes, prados, lagunas, flores y mar. Es una región autónoma portuguesa, formada por nueve pequeñas islas que, por orden de extensión, son: San Miguel, Pico, Terceira, San Jorge, Faial, Flores, Santa María, Graciosa y Corbo. La capital de las Azores -Punta Delgada- se encuentra en su isla más extensa y poblada, San Miguel, de 751 km². Debido a la abundancia de flores y al verdor de sus campos -gracias a la humedad de su clima-, las islas son llamadas por muchos "el jardín botánico portugués". El archipiélago tiene una extensión de 2.300 km² y una población de 250.000 m. habitantes, la mayoría de ellos residen en San Miguel. En la isla de Pico se haya el volcán del mismo nombre, que con sus 2.352 m. de altura es el punto más alto de Portugal; en la isla de Terceira, el centro histórico de la ciudad de Angra do Heroísmo fue declarado en 1983 por la UNESCO patrimonio de la humanidad.
Nombres de lugares existentes en nuestras Afortunadas, como por ejemplo Santa Cruz, San Miguel, Graciosa, Cedro, Candelaria, Santa Lucía, San Sebastian, etc., están representados también en aquellas tierras. La agricultura, ganadería y pesca son sus principales fuentes de ingresos. La industria turística azoreña está muy lejos de alcanzar las cifras de turistas que reciben las Islas Canarias; eso no quiere decir que su mercado vacacional sea nulo. De momento, sus visitantes más asiduos son los portugueses peninsulares, seguidos de suecos, noruegos, alemanes y españoles. El turismo de masas allí todavía no se conoce, quizás ello se deba, entre otras cosas, a lo poco desarrollada que está su planta alojativa.
Si profundizamos un poco en su historia nos encontramos con que las Azores, al igual que Cabo Verde y Madeira, también estaban deshabitadas cuando fueron descubiertas. Allá por 1432, el navegante portugués Gonzalo Velho Cabral descubrió la primera de ellas, Santa María; a ésta le siguieron -unas antes, otras después-, el resto de las islas del archipiélago. Unos años más tarde, Azores se fue poblando con colonos portugueses, flamencos, bretones, españoles, etc. Las islas San Jorge, Graciosa y Faial son, tal vez, las que más hacen recordar a Flandes; la primera a través de la elaboración de sus famosos quesos, cuya receta antigua es de origen flamenco -de Flandes-; la segunda, a través de sus molinos de viento, y la tercera por medio de su centenaria ciudad de Horta, fundada por el flamenco Joos van Huerter. Hay que resaltar el hecho de que hacendados de origen flamenco se establecieron en nuestras Islas Canarias allá por el siglo XVI; ellos contribuyeron al desarrollo del comercio del azúcar canario y a su vez aportaron a nuestra historia un poco de su arte.
Según algunos historiadores, el nombre Azores viene derivado de azur o azul, el color que las islas ofrecían vistas desde la lejanía; los otros dicen que fue el azor -ave rapaz diurna- quien les dio nombre. Como quiera que sea, las dos teorías son perfectamente creíbles; y es que azules o no, esas islas seguro que también tienen su encanto.
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