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Reflexión sobre la Justicia

DOMINGO, 13 DE ABRIL DE 2008 20:11
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CADA VEZ estoy más convencido de que el ciudadano medio -el hombre de la calle, como ahora se dice- lo que exige de la justicia es que la misma sea rápida, porque ya se sabe que la rapidez implica seguridad.

El ciudadano desea saber, a la mayor brevedad posible, la suerte que va a correr su reclamación. Que se le dé a conocer de forma inmediata. Que con rapidez se establezca el orden perturbado, que eso, en definitiva, es hacer justicia.

Que se diga, claramente, lo que debe hacer y aquello que debe omitir. Que esto se le expresa con palabras claras, sencillas, al alcance de cualquier persona, y no con un lenguaje intrincado, difícil de comprender, complicado de interpretar. No con lenguaje forense, incomprensible para el hombre medio, sino con sencillez.

Y estas reflexiones me vienen a la mente, meditando en temas de rabiosa actualidad, que diariamente ocupan las columnas de nuestros rotativos. Uno es el de la seguridad ciudadana, y el otro, el de los llamados delitos de opinión. Y, ahora el de ejecución de las sentencias.

Es posible que una de las causas del aumento de la inseguridad ciudadana se asiente en la profunda crisis familiar y religiosa, que resulta fácil constatar en nuestro entorno ciudadano.

Se dice que existe una evidente correlación entre el paro y la delincuencia callejera en materia de seguridad.

Es necesario actuar rápida y drásticamente, siempre acorde con la ley y con el cuadro de derechos constitucionales y libertades públicas, para erradicar esa inseguridad, permitiendo elevar el nivel de pacífica convivencia y mejorar la imagen de la comunidad nacional. El Estado, nos consta, tiene sobrados medios para ello.

En la otra cuestión, en los llamados delitos de opinión, tratar de abandonar la vía penal que debe de ser de intervención mínima, para castigar en vía civil con fuertes sumas económicas a todos los que insultan, menosprecian o, de alguna manera, con publicidad, deterioran o ponen en tela de juicio la imagen ajena.

Multas de tal cuantía que sean muy superiores a la cantidad que se percibe por deteriorar nuestra imagen. Que nos hagan pensar que no es rentable actuar atacando a los demás para vender miles de revistas más. Hay que defender nuestra intimidad, sobre todo cuando se la ataca injustamente.

Y que se cumplan las sentencias, cuando adquieren firmeza, pues no es de recibo que, pasados dos años de esa firmeza, como en el caso de Mari Luz, la niña asesinada, todavía el condenado no haya ingresado en prisión por la causa que fuere. Si es preciso incrementar la asignación del Ministerio de Justicia, que se haga, para no contemplar el triste espectáculo producido.

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