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Cartas al Director

12/abr/08 20:10
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Huelga de la basura en el Puerto de la Cruz

Qué desgracia la nuestra. Aprovecharon el carnaval y ahora aprovechan la llegada de agentes de viajes españoles, invitados por la consejería de Turismo. Estamos cansados de tantas reivindicaciones en época de vacas flacas. Por favor, cambien las leyes para que estas huelgas no se puedan reproducir cada dos por tres. Los agentes que nos visitan y de los cuales esperamos tanto van a pasear por un Puerto de la Cruz sucio, que ofrecerá por segunda vez en lo que va de año un lamentable espectáculo.

Difícil para esta linda ciudad levantar cabeza a pesar de su voluntad de mejorar. No sé si este escrito puede servir de algo, más bien quiero expresar mi desolación y la de tantos portuenses. Puede que se acuerden dentro de poco, de que teníamos la posibilidad de hacer de esta pequeña zona turística un modelo de prosperidad. Para eso necesitábamos apretar los codos y ser solidarios.

Daniel

Chela

Nunca gustaron en los pueblos los fulanos pasotas que van por el pequeño mundillo de la localidad de víctimas de su propia pedantería. Chela era uno de ellos. Chela, como pertenecía al régimen por ser hijo de un guardia civil, consiguió un primer enchufe y por poco tiempo estuvo empleado en la empresa constructora de un gran hotel del Puerto de la Cruz. Pero a Chela no le iba aquello, y se ponía a hacer relatos literarios y poesías con buen humor. Y se fue marginando enseguida de aquel sistema, "explotación del hombre por la banca", (y este mío es un chiste muy de su estilo).

Cuando más contacto tuve yo con él a través de la escritura fue en "La Tarde", en una página que durante los años setenta tenía Chela cada sábado, titulada "El cine, aquí". Varias veces le escribí y siempre me atendió, con sus respuestas muchas veces dándome ideas cinéfilas. Las nuevas generaciones deben saber que el cine servía de válvula de escape para que la izquierda progresista le colase a la censura lo que de otro modo era imposible.

Quien quiera comprobar mis colaboraciones en la página de cine a cargo de Chela, no tiene más que ir a una hemeroteca y verlo en "La Tarde" de varias fechas, entre otras las de: 27-5-72; 12-5-73 y 24-6-76. Chela, mientras vivió en La Orotava, montó, o al menos tuvo mucho que ver con un bar cuyo nombre, La Palestras, lo decía todo en cuanto a su afición al teatro. Y aglutinó a un pequeño grupo teatral del mismo nombre, que llenaba la vida asaz bohémica de unos aficionados. Paco Polo, Aníbal, Benjamín, y en papeles principales el propio Chela, eran algunos de los actores.

Chela se fue a vivir a Santa Cruz, seguramente, porque La Orotava, como a tantos otros, le quedaba estrecha. Y a partir de ahí, escribió siempre sin parar, en La Tarde, Canarias 7, La Gaceta de Canarias y por último se acomodó a EL DÍA.

Yo fui siempre un admirador de la honradez profesional de Chela. Hay que destacarle también su faceta de compositor de versos festivos (al estilo del viejo Nijota, pero con más enjundia crítica; eran otros tiempos). Recuerdo, como geniales, las estrofas que dedicó Chela a la afición española cuando regresó derrotada del Mundial de Fútbol Alemania 2006. He aquí unos retazos: "En tertulias de café y en las deportivas páginas / estrújanse las meninges y con acaloro y rabia / estudian lo que ocurrió y cuáles fueron las causas / de este nuevo batacazo: si líneas equivocadas / si cambios poco acertados, si falta, quizá, de casta. / Y alguno hasta se pregunta si España estará gafada".

Hace años que no escribo nada en la prensa, pero ahora resucito por un momento para decirle adiós a Chela. O hasta luego, que cuando yo también me vaya al cielo te voy a enviar una carta utilizando a Dios, a quien él una vez se dirigió armando un escándalo mayúsculo. La mía, a Dios será de esta manera: "Querido Dios: me gustaría me publicase usted esta carta dirigida a Chela, que -por si usted no se ha dado cuenta- está sentado a la izquierda y no a la diestra de usted, Padre. Se lo agradeceré eternamente.

Ernesto Pérez Méndez

In memoriam de José Alberto Santana Díaz

Sr. Director:

Se cumple el mes de la desaparición de nuestro muy querido amigo José Alberto, "El maestro", como los amigos le llamábamos en nuestras tertulias diarias en "Casa Mario", en la calle San Sebastián, donde tantas anécdotas nos contaba con su finura, que nos hacía reír a todos los amigos y contertulios. Qué pena tenemos; va para un mes que se nos ha cortado la risa de sus "Altoberadas", de sus "Buenos Días", de sus amables saludos, de su picardía humorística, para el disfrute de todos sus lectores de EL DÍA. Cuántas historias nos contaba diariamente, sus viajes por todo el mundo con sus crónicas "A vista de Guanche", sus viajes diarios a los "Altos del Golán", por el norte de la isla a probar sus excelentes caldos tintos, sus viajes en guagua o taxi, de donde sacaba el jugo para sus escritos. En fin, perdóneme, querido "maestro", que le haga un pequeño repaso de parte de su historia; no se enfade, no se moleste por este escrito, los que se enfadan y se molestan somos todos nosotros, porque nos faltan, no sé cuántos kilos o kilómetros de esa sonrisa que diariamente nos ofrecía.

Maestro, una vez se molestó por una carta al director porque pedía para usted un recuerdo: el nombre de una calle, una plaza o el busto de su persona. Me hizo una réplica muy suave que agradecí, por haber hecho sin su consentimiento tal petición. Lo siento, maestro, hoy, que no se encuentra entre nosotros, la vuelvo a pedir en nombre mío, de los amigos y de todo el pueblo tinerfeño, y pedimos al Consistorio, al Cabildo, Universidad, medios de comunicación, sociedades, etc., la creación de un premio, para el humor y para la sonrisa.

Sr. director de EL DÍA, me gustan mucho los editoriales del periódico, su defensa de todo lo de Tenerife, su personaje como José Alberto se merece un gran homenaje de todo el pueblo chicharrero.

Como recuerdo de los amigos, una anécdota: José Alberto solía ir al Club Náutico todos los días a bañarse. Allí se encontró con uno de la tertulia de "Casa Mario", que también iba a bañarse. Este hombre usaba gafas y, estando en el baño, comenzó a decir "maestro, maestro", ¿usted no se baña?; y José Alberto, el "Maestro", le contesta: "Ese no soy yo, Pepito, esa es la boya". Vaya confusión la de Pepito.

Bueno, Sr. director, le ruego, que el periódico EL DÍA ilumine alguna idea para recuerdo de nuestro querido amigo José Alberto Santana Díaz.

J.L.B.F.G.

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