N O TENEMOS más remedio que incidir en la ingenuidad de la diputada de Coalición Canaria en el Congreso, Ana Oramas, al proponer un tren para Las Palmas. La también alcaldesa de La Laguna es hoy uno de los principales valores del nacionalismo canario y una persona en la que se puede confiar, pero esta vez no ha recapacitado antes de hablar y ha cometido un error. También en su día confiamos en Adán Martín, al que calificamos como el presidente del equilibrio, y ya ven cómo favoreció a Las Palmas. Ahora, su compañera de partido no sólo se equivoca al pedir el transporte ferroviario para una isla que apenas puede albergar un tiovivo, también yerra al proponer desde su ayuntamiento al ex presidente como el hombre idóneo para presidir CajaCanarias. Y hay una tercera metedura de pata: elogia a Rodríguez Zapatero, quien siempre ha considerado a este archipiélago una colonia -como demostró durante su estancia en Lanzarote, hace un par de años- y ha dejado a las Islas a merced de la avalancha de inmigración ilegal que cada día entra por puertos, aeropuertos y costas; es más, se niega a recibir oficialmente -no en un aparte de una reunión compartida- al representante de los canarios, Paulino Rivero.
En definitiva, tendrá que afinar mejor Ana Oramas en su labor de diputada si no quiere defraudar las buenas expectativas que ha levantado. Cualidades le sobran para defender a Canarias, pero que no pierda de vista que Las Palmas ya tiene dos partidos que velan por sus intereses en Madrid; que no sume, aunque sea involuntariamente, nuevos agravios a Tenerife por un nacionalismo mal entendido. Sus votos los obtuvo en la provincia occidental; en la oriental, los electores no le dieron a su partido el apoyo suficiente para obtener siquiera un diputado. Así es como le agradecen sus desvelos por ellos. Confiamos en que, como el mago de Nijota, Ana Oramas piense lo que diga y no diga lo que piense. Porque, señoría, lo que Canarias necesita y espera es conseguir la soberanía. Y la fórmula es la del Estado libre asociado.
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La consejera de Sanidad ha anunciado que va a interponer querellas por injurias contra aquellos que han desprestigiado al Hospital Universitario de Canarias a raíz de las denuncias sobre el servicio de Cirugía Cardiaca. Aquí no negamos que se puedan haber cometido errores en el mismo, pero no por eso se puede echar por tierra la imagen de un centro hospitalario tan importante y, de paso, la de Tenerife, pues ese hospital está tutelado por el Cabildo Insular. Y todo por las alegrías partidistas. No entendemos esa inquina de algunos de ensañarse con quienes consideran sus enemigos, en vez de ayudar a mejorar las cosas.
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