G. MAESTRE, S/C de Tenerife
El magistrado de la Sección Quinta que presidió el juicio oral contra Domingo Antonio García Rodríguez como acusado de haber asesinado brutalmente a la que fuera su pareja, Gregoria Felipe Ravelo, ha sentenciado, después de que un jurado popular lo declarara culpable de un delito de asesinato con el agravante de parentesco, que la condena sea de 23 años de prisión y que pague una indemnización de 100.000 euros en favor de la única heredera de la víctima: su madre.
El magistrado, siguiendo lo dispuesto por el tribunal del jurado en su veredicto, ha impuesto esta pena después de considerar probado que el acusado acudió el 17 de mayo de 2005, sobre las 7:15 horas, al domicilio de Gregoria en Santa Úrsula. Una vez allí, tocó en la puerta y, utilizando un cuchillo con una hoja de unos ocho centímetros de los que se usan para pelar cabras que traía de su casa, de forma sorpresiva, y según le abrió la puerta "Goya", le asestó una puñalada en la parte anterior de la axila que le produjo una insuficiencia respiratoria aguda que no le causó la muerte, pero que la dejó sin capacidad respiratoria en el pulmón derecho. Como consecuencia de la agresión, el cuchillo se quebró y el propio acusado se cortó el de-do meñique.
Según el fallo judicial, "la víctima trató de escapar hacia el interior de la casa, siendo apuñalada por el agresor por la espalda con la hoja quebrada que portaba. Tras ello, le propinó un puñetazo en la nariz que la dejó aturdida y que hizo que se desplomara, mo-mento que aprovechó el acusado para cogerla por la espalda y arrastrarla violentamente hasta la cocina mientras le tapaba la boca para que no gritara".
Fue precisamente en la cocina donde Domingo inmovilizó a Gregoria y, con otros diez cuchillos, más un machete de cocina que fue cogiendo de una gaveta, la siguió apuñalando hasta 60 veces, con tal fuerza que llegó a doblar la hoja de varios cuchillos. Asimismo, le asestó dos machetazos en las cervicales y le propinó, utilizando un cucharón de madera, diversos golpes en la cabeza. Finalmente, la acuchilló por la espalda alcanzando el pulmón izquierdo (que era el único que le estaba funcionando), lo que determinó su muerte.
Tras terminar con la vida de la que había sido su compañera sentimental durante un año, Domingo se lavó las manos en el fregadero, escribió una nota en la que decía "Mamá, ahora soy feliz", y la colocó encima de la mesa de la cocina junto con dos alianzas en cuyas inscripciones interiores decía: "Domingo. Goya. 23 de ma-yo de 2004".
A continuación, el acusado de-ambuló por la casa dejando restos de sangre, ingirió una pequeña cantidad de un líquido utilizado habitualmente como herbicida y llamó a su hermana María del Carmen para decirle que había matado a "Goya", sin que haya quedado probado durante la celebración de la vista oral que lo hiciera para que ésta avisara a la Guardia Civil.
Asimismo, la sentencia hace hincapié en que "el acusado presenta un trastorno antisocial de la personalidad, pero no ha resultado acreditado que ello suponga una anomalía o alteración psíquica que le dificulte en ninguna medida la comprensión de la ilicitud de su conducta o bien la actuación conforme a esa comprensión".
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