POCOS PODÍAN imaginar que el partido de esta noche en el Ríos Tejera iba a tener la lectura que hoy merece darle.
El enfrentamiento entre Socas Canarias y CAI Zaragoza respondía, hace unos meses, a un imposible. A una lucha desigual en la que el conjunto de Alejandro Martínez vendería la añoranza de décadas anteriores para revivir una fotografía que quienes lo disfrutaron no la han olvidado.
A la altura de competición a la que hemos llegado algo ha cambiado. Es poco, pero suficiente para tener una expectativa mucho más positiva desde el lado del aficionado aurinegro.
El CAI, este año sí, está respondiendo a la exigencia marcada. Sabedores de la recompensa por terminar primeros en la fase regular, y con la experiencia, en temporadas pretéritas, de sus desafortunadas actuaciones en los "play-off" decisivos, sólo tienen marcado como objetivo único acabar líderes y ser equipo de ACB. Algo que llevan persiguiendo hace no pocas temporadas.
Sus mayores errores en años anteriores parecieron estar ubicados en no lograr compactar a un buen puñado de jugadores y mentalizarlos que, antes de la ACB, había que transitar de manera humilde por una LEB con mayor exigencia de la que algunos piensan.
No habían dado con la clave. Esta temporada parece que Curro Segura ha sabido confeccionar un vestuario con criterio. Un equipo donde si bien destacan individualidades tales como Lescano, Víctor, Victoriano, Quinteros, Starosta... ¡vaya plantilla!, el bloque también ha cobrado protagonismo. Pero aún no tienen nada garantizado. Bruesa y Alicante están al acecho. Pero quienes han cambiado la lectura del encuentro de hoy son los jugadores del Socas Canarias. Nadie se jugaría su patrimonio apostando por una victoria de los maños esta noche. El rendimiento de los laguneros, en su recinto, es el que ha protagonizado un guión diferente para un encuentro aparentemente desequilibrado en cuanto a potencial.
¿Será Jakim?, ¿serán Levi o Detrick?. Lo que sí es seguro es que volverá a ser un grupo de jugadores, más unidos que nunca, el que, en una comunión perfecta con la grada, vuelva a ilusionar a una afición con la consecución de otro imposible.
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