¡Ay, mi plaza de Los Patos!
Tres de tus ranas se han ido
y ahora no son de nadie,
culpables son los cobardes
que no quieren de tu hechizo,
o de ese andariego errante
que destruye sin sentido.
Meses ha te acicalaron
reponiendo el pavimento,
ajustando doce bancos
de vistosos azulejos,
y en ese tu estanque, pedazos,
aunque no todos enteros.
Ahora duermen fatigadas
las demás ranas que lloran,
porque les falta compaña,
y en la zozobra derrotan
al respirar, ya sin ansias,
mientras la enramada aflora.
Y tus jardines que aroman
tanta floresta embriagada,
tristes están por las ranas
do su ausencia se demora
sin que una mano celosa
ponga alegría a la Plaza.
Orgullo en otros tiempos
de la capital isleña,
hoy al mirarte, deseo,
que ese tu júbilo vuelva
al contemplar con mi aprecio
todas las ranas completas.
Juan Antonio López de Vergara y Batista
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