1.- El Partido Popular está sopesando la incoación de expedientes o la expulsión de sus tres concejales en el Puerto de la Cruz. Por hablar claro, el PP está hasta las narices de Eva Navarro y de su mariachi. El mariachi llega al punto de organizar comidas, como la del fin de semana último, con personas enemigas políticas de su jefa de filas, en un galimatías difícil de calificar, ni personal ni políticamente. Sencillamente, en el Puerto no se cumple el pacto de gobierno que el PP y Coalición Canaria establecieron al principio de la legislatura autonómica. Pero no sólo es eso. La ciudad es un caos, el urbanismo no funciona, el tiempo se detiene en el Puerto y no sale adelante ni uno solo de los proyectos previstos. Además, la alcaldesa y su aliada -la Navarro- andan a la greña en público y en privado. Y muy pronto se va a tener noticia judicial de ciertas denuncias que permanecen por el momento en el aire, pero que van a salir de la luz con el consiguiente escándalo.
2.- Son varios los altos cargos del PP que están pidiendo a Cristina Tavío que inicie de una vez los trámites para librar al partido de tan incómodos militantes, que no obedecen las directrices de su dirección insular y que tampoco tienen demasiado interés en trabajar en provecho de su opción política, sino más bien en el propio. Así las cosas, se barajan dos opciones: suspender de militancia al marichi portuense, y convertirlo en tránsfuga, si no entrega sus actas, o esperar a que termine la legislatura (larga espera) y buscar un nuevo equipo que no haga el ridículo, incluso llegando a degradarse políticamente de tal modo que han pactado el gobierno de la ciudad con los enemigos del PP: los socialistas.
3.- Mientras tanto, el Puerto permanece en su letargo infinito, sin que nadie mueva nada. Todos los proyectos se encuentran parados, incluso grandes empresas interesadas en invertir en la ciudad han recogido velas, a la espera de que cambie el panorama en el gobierno municipal, tan absurdo, alterado e incongruente. Por otra parte, si el PSOE es coherente con su política de un hombre (o mujer)/un cargo, Lola Padrón, la alcaldesa por los pelos, tendrá que optar entre seguir en el Parlamento o en la poltrona municipal. Porque de lo contrario estaría desobedeciendo el mandato de su partido, que incluso ha acatado el incómodo Santiago Pérez con su próxima dimisión del Cabildo para dedicarse sólo a tareas parlamentarias.
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