PARA LA ELECCIÓN de la canción representativa de España en el Festival de Eurovisión que tendrá lugar el próximo día 24 de mayo, en Belgrado, Televisión Española (TVE) implantó este año un novedoso método: una convocatoria abierta a todos cuantos aspirantes quisieran presentarse, hecha a través del portal de música de internet, "My Space". Así, con este sistema, las expectativas se presumían alentadoras para los candidatos y para el público. El problema llegó con la irrupción del producto fruto de la manipulación mediática ejercida por Buenafuente con su "cantante" Chiquilicuatre y por el desastroso e incontrolable sistema de votación propuesto por la organización del certamen, que perjudicó a decenas de artistas con ilusiones y no pocos días de preparación para optar a su elección. El resultado fue que el representante de España en Eurovisión será Rodolfo Chiquilicuatre con su canción "Chikichiki".
La filosofía española con el "Chikichiki" y el extravagante intérprete que nos va a representar es, y nunca mejor dicho, "dar la nota". Y prueba de ello es el sistema de votaciones por internet elegido por TVE para que arrase la canción más tonta de todas, la que tiene menos sentido, la que es "menos canción" y más circo -con perdón a quienes se dedican a esta honrosa actividad-, pero es la que ha puesto de acuerdo a muchos españoles para elegirla como representativa.
Mi particular visión sobre la elección de Chiquilicuatre es que se trata de un personaje grotesco y zafio, lo mismo que su canción "Chikichiki", porque como broma, graciosa o no, es sólo para quienes así les parezca de nosotros. En Europa no creo que vayan a entender la horrible letra de su autor, Santiago Segura, "Torrente", con vulgaridades tales como esta: "Lo baila mi mulata con las bragas en la mano", que no entiendo cómo no ha revolucionado a las feministas. Sólo verán a un "friki" con un grotesco aspecto y una vulgar canción. Pero esta representación ridícula de la España de pandereta no es nueva ni original en Eurovisión, ya que muchos países, en ediciones anteriores, enviaron canciones con el objetivo de mofarse del festival. Incluso algunos de ellos quedaron bien clasificados, porque, además de una puesta en escena divertida, tenían una buena canción (Ucrania en 2007). Pese a ello, la mayoría pasó sin pena ni gloria. Así pues, ¿pretendemos reírnos de Eurovisión, o tal vez sean los socios europeos quienes se rían de nosotros con esta bazofia?
Comprendo lo mal que deben sentirse otros artistas que, con mayor calidad musical e interpretativa, se presentaron a la elección para representarnos en Eurovisión, viendo que la estupidez ha descartado sus posibilidades de triunfar en dicho certamen, como se hacía antiguamente con la elección de un jurado compuesto por expertos cantantes, músicos, críticos musicales, etc., pero ahora, en cualquier concurso televisivo, la selección se hace por internet, SMS y llamadas a un número 905, con lo que los resultados son evidentes: no prevalece el mérito, ni la calidad, sino el favor y los intereses económicos. ¡Tantos votos tienes, tanto vales!
Recuerdo que en sus orígenes Eurovisión fue un certamen musical de calidad y competitivo, donde acudían afamados cantantes europeos. Entre ellos supieron representar a España dignamente: Raphael, Julio Iglesias, Mocedades, Karina, Massiel, etc., y hasta los canarios José Vélez y Braulio.
¿Es que en España ya no existe talento para representarnos ante Europa con una canción y con un intérprete de calidad? ¿No es desolador comprobar cómo a miles y miles de españoles no les importa presentarse ante millones de espectadores europeos con esta pollabobada del "Chikichiki" y ese hortera de Chiquilicuatre, con el único objetivo de llamar la atención?
¡Perrea, perrea, a bailar el "Chikichiki"! ¡Manda huevos!
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