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LA MEDIA COLUMNA FRANCISCO AYALA

El trato con la Guardia Civil

3/abr/08 20:06
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MUY INTERESANTE y aleccionador el encuentro que ha descrito en su columna "Desde Dentro" con la Guardia Civil, mi querido, admirado y compañero de oficio de muchos años, Ricardo Peytaví, uno de los mejores columnistas que tenemos en la prensa canaria y gran parte de la nacional, donde no abundan los periodistas como Ricardo, que ha escalado cimas por sí mismo, sin que nadie le tendiera o sostuviera las cuerdas. Aunque pase por momentos cabreantes, como ha pasado un servidor y otros muchos que nos dedicamos a este trabajo, a Peytaví no se le acelera el pulso y sigue la línea de excelente educación y formación cuando contacta con todas las personas, en especial con las que ejercen una autoridad en el cumplimiento de un deber y quizás se excedan en el trato poco amable en el parecer de su interlocutor, porque eso lo da también el trabajo, y un guardia civil no es un santo sino una persona que reacciona como tal y muchas veces se enfrenta también en acciones que cabrean. Si el guardia era joven y Ricardo le soltó una respuesta irónica, que no insultante ni acalorada, también el agente se tragó su molestia cuando aclaró el contenido de su interrogante, que se supone que desde el principio la entendió el periodista. Pero Peytaví lo entiende y, en cierto modo, entona el "mea culpa", porque entiende que el joven no tiene nada del clásico guardia civil, con bigote y tricornio de los grabados.

Una de las pocas, digamos agarradas orales, en las que yo, con mi veteranía y con mi edad, que ya no era un joven, la tuve con un guardia recién salido, seguramente, de la Academia de Guardias Jóvenes de Valdemoro. La culpa no fue de él sino de su superior que al primero que tiene que recordar lo que es y para lo que está es al novato. Pero me tragué el contratiempo porque uno ha trabajado muchos años en la educación y la enseñanza de jóvenes. Ricardo que, aunque no tenga tantos años como yo, también es un perro viejo, lo entiende, cuenta el caso de una "guardia civila" y elogia la labor sacrificada y correcta en los contactos con las personas y la eficacia de sus acciones en todos los servicios. En cuanto a un servidor, me podrían nombrar "guardia civil honorario" por la casi integración que tuve con el Cuerpo, cuando llevaba los "Sucesos" en este diario. Mi amistad y hasta mis discusiones, casi familiares, con el jefe de la Comandancia, teniente coronel don Camilo Pajuelo, con quien bromeaba diciéndole lo "hueso" que era, y nunca supo que él era nieto de una tía abuela mía que yo quería mucho y ya había muerto. Pajuelo ascendió a general, pero ya se había ido de Canarias. Yo lo respetaba y lo quería, a pesar de las "furciadas" que me hacía con las informaciones, alguna de las cuales tardaba en dármelas o no me las daba para hacerme rabiar.

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