Fue en Santa Cruz, un 31 de marzo
En el sexto aniversario del triste día de la riada...
I
No hubo aviso en aquella mañana despejada
y la tarde se hartó de "sañosos" nubarrones
para hincar, de súbito, sus viles horrores,
cargados de agua, en impronta desgraciada.
Y el gris imperó... pues en menos de nada,
en la ciudad, murieron todos... todos los soles
y corrieron los barrancos, fieros y veloces,
mientras... la gente esperaba unida y asustada...
Fue en Santa Cruz, un treinta y uno de marzo
de dos mil dos, "marcado", diferente,
cuando una tromba de agua cayó de sorpresa.
Jamás temblaron tanto las pobladas laderas,
ni el barro estaba tan vivo y omnipresente...
La pena nos invadió...; fue un día muy amargo...
II
A toda la gente sufrida y damnificada,
en esta efemérides, río de evocaciones
de cuadros aciagos, de ausencias sin razones,
mi sentir profundo por los daños de la riada.
Hace ya seis años, que hostil y enrabietada
la naturaleza, con sus funestas órdenes,
abrió los cielos, antes claros y de colores,
para hendir su hacha atroz, desmesurada.
El tiempo no borra el hollar de tal "mazazo"
que tanto calcó en el corazón de la gente,
la más humilde, de la urbe santacrucera.
Las casitas de las alturas, de las afueras,
ricas de vacíos, juegan a su suerte
ante las posibles "réplicas"... y el "letargo".
Dainauz
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