SIN TEMOR a equivocarme, porque estas cosas son muy serias, acuso, con toda mi responsabilidad y toda mi indignación, que es la indignación del pueblo que sufre las negativas circunstancias de su gestión, la decisión del Gobierno de Canarias de destituir a doña María del Mar Julios de la Consejería de Sanidad y nombrar para sucederla a doña Mercedes Roldós, que digo por enésima vez que es la Guatapeor de la Guatemala que fue la señora Julios. La señora Roldós se estrenó en su nuevo cargo con el show que protagonizó en el acto de destitución del doctor Afonso como director del Hospital de La Candelaria, por vencimiento del tiempo del contrato y los dimes y diretes de cómo se marchó el cesante a causa de la recomendación a favor de una profesional que el señor Afonso no podría ver ni en pinta. Pero si el director saliente rechazó la recomendación como manga o cuña que llaman a esos enchufes de favor, que son legal y éticamente despreciables, resultó, como oportunamente comenté en esta columna, que la profesional recomendada era apta para el cargo y fue recibida con agrado por el personal del establecimiento, porque estaba realizando una labor que el doctor Afonso, según el mismo personal, no realizaba con la competencia debida. Luego, ya cesado el señor Afonso, hubo trapisondas en el Servicio Canario de Salud y tropezones en la gestión de la señora Roldós que originaron contrariedades en los establecimientos y en la política sanitaria, que no mejoró con respecto al desastre que reinaba cuando mandaba la señora Julios.
Ahora la cosa no ha mejorado. Hace unos días comprobé con mi asistencia a la consulta de mi médico de familia en el Centro de Salud del Toscal, que siempre ha funcionado perfectamente cuando ese establecimiento ha dependido del personal que lo sirve, en especial de los médicos y las enfermeras, a los que no se les facilita lo más mínimo su labor. Marcha bien el servicio de citas anticipadas. Pero no puede pasar lo mismo con las consultas médicas y de enfermería. Se fija teóricamente una duración de las consultas incluso de aquellas que son para repetir recetas de medicamentos. Pero el médico tiene que repartir el tiempo disponible, entre el reconocimiento y la atención al paciente y la extensión de recetas en los impresos correspondientes. A veces las recetas son de muchos fármacos y precisa su escritura bastante más tiempo que algunos reconocimientos. En mi caso, la cita era para las diez y media de la mañana. Y menos mal que el médico, que es una excelente persona y un magnífico profesional, se compadeció de mí cuando llevaba más de una hora de espera y me pidió la relación de medicinas a repetir, para confeccionar él mismo o una enfermera las recetas. Así y todo, estuve esperando unas dos horas y media. Se habla o se pide la instalación de ordenadores especiales, pero ni el menor intento por parte de la Consejería, oiga. Me supongo que hay enfermos que acuden a consulta que, por su estado, no están en condiciones de esperar tanto. Lo sabe el médico y se afana por cubrirlo todo, pero el tiempo no puede estirarse. Y a la señora consejera le importará un rábano y la yema del otro. Esto no es así, señora consejera y señor presidente del Gobierno de Canarias. Por lo que me parece que debo protestar desde esta modesta columna.
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