Fíese usted de los expertos. Hay expertos para casi todo; incluso manejando los mismos datos pueden llegar a conclusiones contrapuestas. La escasez de objetividad, la poca o nula honestidad y la falta de profesionalidad, están a la orden del día. Dicen algunos "expertos" que no podemos hablar de crisis económica, sino de desaceleración. Hay quienes, evidentemente, opinan lo contrario. Otros califican este momento delicado, por el que sin duda estamos pasando, como un cambio de ciclo. Pero sea lo que sea lo que está sucediendo en el plano económico, los hechos son tozudos y éstos, a la larga, siempre nos conducen a una realidad que termina imponiéndose a cualquier palabra, informe o deseo.
La realidad es que existe una crisis bancaria americana que ha salpicado a Europa en general y a España en particular; y si bien es cierto que el señor Zapatero no tiene la culpa de dicha crisis, no es menos cierto que su gobierno no ha sabido, no ha querido o no ha podido afrontar aún este cambio de ciclo que se veía venir desde hacía ya algún tiempo. Y esto es así porque para la izquierda en general, los problemas sociales y económicos los suele resolver mediante la intervención del Estado. No han creído nunca, y por supuesto siguen sin creer, en que los consumidores son los que realmente han de retirar o depositar su confianza en el mercado, propiciando una sana competitividad que, a la vez, sea auto-correctora de un mercado que ha de regular el riesgo, la reputación, la inversión, la creatividad, la innovación?, de los que libremente compiten en un escenario regulado convenientemente para que todos los intervinientes tengan las mismas obligaciones y oportunidades.
Todos los informes e indicadores oficiales -además de los privados de las grandes consultoras-, alertan de que el crecimiento experimentado en 2007, en relación al mercado de trabajo, ha pasado del 3,1% al 1,8%, y que, previsiblemente, seguirá descendiendo a lo largo del año 2008, para acabar, probablemente, en el 1,2%. Esto significa que el principal factor de esta desaceleración se encuentra en el índice de la inversión residencial -que es aquella que afecta directamente a las familias-, y que ha dado como resultado inmediato un parón en la construcción -la crisis puede afectar a más de 250.000 trabajadores en solo un año-, y que, en términos interanuales, hace que el retroceso pueda llegar a ser de hasta un 8%.
Los promotores, no sin razón, se escudan siempre en que la culpa de todo este "drama" que se nos avecina la tienen los ayuntamientos y las comunidades autónomas; que son las que realmente fijan el precio del suelo, y que, a la hora de vender el piso al usuario, a éste le puede suponer más de la mitad del valor total de la vivienda. No obstante, la destrucción de empleo no sólo repercute en el sector de la construcción, al menos aquí en Canarias, ya que nuestra propia estructura económica es mucho más sensible a dichos cambios económicos, pues, por suerte o por desgracia, entre el sector servicios y el del ladrillo, se acumulan el 90% de los puestos de trabajo. Aún así, el frenazo laboral ha terminado afectando a otros sectores como la agricultura e incluso la industria.
Precisamente ha sido el señor José Luis García, presidente de la Federación Provincial de Empresarios del Metal y Nuevas Tecnologías (Femete), quien en defensa de los valores que representan las empresas que conforman dicha federación, ha dado la alarma en este sentido, saliendo al paso de cuanto está ocurriendo, ya que considera, no sin motivos, que esta crisis inmobiliaria y de la construcción está ya afectando a la mayoría de las empresas asociadas a la federación que preside, como puedan ser todas las relacionadas con el metal, la siderometalurgia, el gas, la electricidad, el aire acondicionado y otras tantas actividades interrelacionadas con la construcción en general.
Esta desaceleración según algunos analistas, y crisis según otros, está, de cualquier modo, condicionando y, por consiguiente, poniendo en peligro la credibilidad del propio sistema financiero -las Cajas acumulan 1.600 millones en créditos dudosos-, y, por extensión, la confianza que los ciudadanos podamos tener en que nuestros políticos puedan hacer frente a este cambio de ciclo con las adecuadas y necesarias medidas monetarias y fiscales que hayan de tener lugar. Para ello, tan sólo tienen que conseguir establecer un marco más estable que ayude a la inversión y fortalezca la competitividad.
Confiemos en que la potenciación y la modernización de la industria se puedan convertir en una pieza clave para el crecimiento productivo en nuestras Islas. Y como pide el presidente de Femete, que se abarate la energía, que se estabilicen los precios, que se faciliten las iniciativas innovadoras, que se aliente la puesta en marcha de más obra pública y que, de paso, nuestras constructoras y nuestra gente tengan prioridad a la hora de las licitaciones y los contratos. No podemos olvidar que la inestabilidad económica, junto a la espiral del desempleo y junto a una mala gestión de los dineros públicos, puede conducirnos a una verdadera crisis de consecuencias impredecibles.
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