Acudir ayer al encuentro entre el Tenerife Rural y Los Barrios era un ejercicio de compromiso digno del mejor aficionado. El desencanto de perder, por segunda vez, ante el Socas Canarias, la mala racha de resultados que acompañaban al equipo, el horario poco apropiado para dejar de almorzar con la familia y asistir al Santiago Martín,? Todo sacrificio merecería la pena si el equipo regalara una actuación que paliase tanto esfuerzo.
Lejos de esto, la de ayer fue una de las peores puestas en escena del equipo de Rafa Sanz con el agravante de tener enfrente un conjunto que, con una valoración en todo el encuentro de sesenta y cinco, fue capaz de poner de manifiesto innumerables carencias de un cuadro que parece en caída libre.
Se recomienda, por generosidad y por no parecer oportunista, no cebarse con quien está atravesando un mal momento, pero no es menos cierto que ocultar la verdad, siempre subjetiva, de lo que uno está viviendo hacer perder credibilidad sobre aquellos que aún confían en el emisor.
Cierto es que el Tenerife Rural no ha enterrado sus opciones de cumplir con el objetivo marcado, pero haber ganado uno de los últimos siete encuentros disputados obliga a un análisis mayor del que se pudiera hacer por el resultado negativo del día de ayer.
Por tanto no es menos verdad que el equipo transmite poca seguridad colectiva. Los errores se han ido disimulando en la medida en la que se ha estado acertado en lanzamientos exteriores. De igual manera las excelentes prestaciones de Barbour en el mes de enero generaron un salto en la clasificación que hacía pensar en un final más feliz.
Pero la globalidad de la temporada es bien distinta. Y el presente es sinónimo de preocupación. La capacidad individual defensiva no se corresponde con lo esperado y como grupo, cuando tácticamente se intentan situaciones diferentes, la incapacidad por dominar los tableros permite al rival disponer de varias posesiones cada vez que está en campo ofensivo.
Cuando toca atacar la situación se antoja más de lo mismo. La falta de criterio para jugar cada posesión estática desespera a más de uno. Ayer, sin ir más lejos, la racha de aciertos de Guaita hacía pensar en una mejoría, pero, una vez más, era pan para hoy y hambre para mañana. Otras veces es Francis? cuando Barbour se lo permite. En definitiva la impresión que da el grupo es estar hipotecado a un acierto exterior sin creatividad colectiva. Algo que está terminando por sesgar la ilusión de un grupo de aficionados que ayer, por primera vez, verbalizó su descontento con el manejo del equipo. Se augura tiempo de análisis y de preocupación.
Por su parte el Socas Canarias se desplazaba a San Sebastián, con una expedición amplia de aficionados, más dispuestos a celebrar la fiesta de la salvación que a disputar un partido de competición. Sin embargo su nivel de competitividad fue muy digno. Tanto que a falta de poco más de cinco minutos sólo perdían de seis. Al final se impuso la lógica y no pudieron consumar la sorpresa.
Ahora toca un final de liga cuya expectativa parece centrarse en quién de los dos acabe por delante. Las sensaciones de cada uno parecen bien diferentes
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