EFE, Damasco
La vigésima cumbre de Jefes de Estado árabes se clausuró ayer en Damasco sin que fueran capaces de abordar el principal tema que los divide, la crisis política libanesa, que, aún así, dominó y marcó el ambiente de las reuniones. Tras una sesión a puerta cerrada, el ministro de Asuntos Exteriores sirio, Walid Al Mualem, explicó en una rueda de prensa conjunta con el secretario general de la Liga Árabe, Amro Musa, que la crisis del Líbano, sin presidente desde noviembre pasado, ni siquiera se trató entre los jefes de Estado.
Tan sólo se hizo mención a esa crisis en el comunicado final de la reunión, la "Declaración de Damasco", que insistió en la aplicación de la llamada "iniciativa árabe" para desbloquear la crisis, pese a que los detalles de esta propuesta despiertan profundas discrepancias entre los árabes.
Mualem justificó la ausencia del problema libanés en la agenda de la reunión con el argumento de que los dirigentes rechazaron debatir este asunto sin que el Líbano estuviera presente.
Sin embargo, a pesar de ser el gran tema omitido en los debates propuestos, la crisis libanesa ha sido el asunto que más ha marcado esta reunión.
La cumbre ha estado lastrada por la ausencia de los jefes de Estado de Egipto, Arabia Saudí y Jordania, en protesta por la falta de colaboración siria en la solución del problema, dada la mucha influencia que tiene sobre la oposición libanesa.
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