JOSÉ MARÍA AZNAR se encuentra el hombre por las Américas -no por las del sur tinerfeño- sino por las del otro lado del charco, para, entre otras cosas, promocionar por aquellas tierras su último libro: "Cartas a un joven español".
Uno, así, al pronto, se pregunta qué diablos le pueden importar a un joven argentino, o peruano, o mexicano -por poner algunos ejemplos- unas cartas que, como el título de la obra indica, tienen un destinatario muy concreto y bastante lejano. Pero, en fin? A lo mejor vende algo, porque, no sé si para ganar mercado, el ex presidente del Gobierno de este país dice cosas rarísimas (aunque, eso sí, muy originales, inéditas e inesperadas) allá donde va con su libro bajo el brazo, ya sea a una rueda de prensa o una conferencia.
En el último sitio que estuvo -una capital cuyo nombre y situación pueden ustedes encontrar en la prensa de estos días- reveló a su auditorio que los españoles somos bastante masoquistas y que nos gusta flagelarnos.
Eso da para un titular, aunque sea mentira. O precisamente porque es mentira. Y pronunciada semejante bobada allá, a miles de kilómetros y con la impunidad que garantiza la libertad de expresión, igual hasta cuela y agudiza las fantasías de las marimandonas dispuestas a viajar a la madre patria para hacer fortuna a base de látigo, corsé de cuero, gorra militar de visera y tacón de aguja:
-¿Sabes, guapa?... Que donde tenemos claro el negocio es en Madrid. Todos los españoles son masocas y les va la marcha.
-No me digas?
-Lo sé de buena tinta. Lo asegura el señor Aznar, que fue presidente de la nación un huevo de años?
Pero, la realidad es que ni siquiera ese huevo de años fue suficiente para que los ciudadanos de este país, desesperados, cayesen en la trampa histórica del masoquismo. Al contrario. Cuando el ex presidente se empeñó en mandar a un montón de españolitos a la guerra para que nos zurraran la badana en Irak, la ciudadanía protestó airadamente y en masa para advertir al Masocq hispano de Las Azores que de eso nada, que se flagelase él solito, pero que a los soldados y al futuro de la nación los dejara en paz (nunca mejor dicho), y que, en caso necesario, le pasase el flagelo a Ana Botella o a cualquiera de los muchos miembros del Opus que militan en su partido.
Andar por esos mundos de Dios expandiendo chorradas sociológicas que contradicen la realidad (si hay un pueblo cachondo, divertido y, por tanto, ajeno al masoquismo, ése es el nuestro) es una tarea acaso rentable, pero poco ética. Este país no va a cambiar para volverse masoca ni siquiera cuando, algún día, lo gobierne el PP de nuevo. Y no se me flagelen, tíos, que también eso llegará.
La Buena Uva José H. Chela
JOSÉ MARÍA AZNAR se encuentra el hombre por las Américas -no por las del sur tinerfeño- sino por las del otro lado del charco, para, entre otras cosas, promocionar por aquellas tierras su último libro: "Cartas a un joven español".
Uno, así, al pronto, se pregunta qué diablos le pueden importar a un joven argentino, o peruano, o mexicano -por poner algunos ejemplos- unas cartas que, como el título de la obra indica, tienen un destinatario muy concreto y bastante lejano. Pero, en fin? A lo mejor vende algo, porque, no sé si para ganar mercado, el ex presidente del Gobierno de este país dice cosas rarísimas (aunque, eso sí, muy originales, inéditas e inesperadas) allá donde va con su libro bajo el brazo, ya sea a una rueda de prensa o una conferencia.
En el último sitio que estuvo -una capital cuyo nombre y situación pueden ustedes encontrar en la prensa de estos días- reveló a su auditorio que los españoles somos bastante masoquistas y que nos gusta flagelarnos.
Eso da para un titular, aunque sea mentira. O precisamente porque es mentira. Y pronunciada semejante bobada allá, a miles de kilómetros y con la impunidad que garantiza la libertad de expresión, igual hasta cuela y agudiza las fantasías de las marimandonas dispuestas a viajar a la madre patria para hacer fortuna a base de látigo, corsé de cuero, gorra militar de visera y tacón de aguja:
-¿Sabes, guapa?... Que donde tenemos claro el negocio es en Madrid. Todos los españoles son masocas y les va la marcha.
-No me digas?
-Lo sé de buena tinta. Lo asegura el señor Aznar, que fue presidente de la nación un huevo de años?
Pero, la realidad es que ni siquiera ese huevo de años fue suficiente para que los ciudadanos de este país, desesperados, cayesen en la trampa histórica del masoquismo. Al contrario. Cuando el ex presidente se empeñó en mandar a un montón de españolitos a la guerra para que nos zurraran la badana en Irak, la ciudadanía protestó airadamente y en masa para advertir al Masocq hispano de Las Azores que de eso nada, que se flagelase él solito, pero que a los soldados y al futuro de la nación los dejara en paz (nunca mejor dicho), y que, en caso necesario, le pasase el flagelo a Ana Botella o a cualquiera de los muchos miembros del Opus que militan en su partido.
Andar por esos mundos de Dios expandiendo chorradas sociológicas que contradicen la realidad (si hay un pueblo cachondo, divertido y, por tanto, ajeno al masoquismo, ése es el nuestro) es una tarea acaso rentable, pero poco ética. Este país no va a cambiar para volverse masoca ni siquiera cuando, algún día, lo gobierne el PP de nuevo. Y no se me flagelen, tíos, que también eso llegará.
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