V. MARTÍN, S/C de La Palma
El aeropuerto de La Palma incorporó durante el pasado mes de febrero una unidad de control de fauna similar a la que existe en otros aeródromos de las Islas, pero con la peculiaridad de la ubicación de la propia instalación, junto al mar, y de las aves, sobre todo gaviotas, que anidan en los acantilados cercanos y que representan un peligro para el tráfico aéreo tanto en las aproximaciones como en el despegue de aeronaves.
La unidad está formada por dos cuidadores y, a la vez, entrenadores, sus mejores "amigos", de un total de catorce halcones, que, a la postre, son los encargados de crear un espacio aéreo vedado para las aves. Cuatro águilas harris, cinco halcones sacre, dos peregrino, otros tantos híbridos y un halcón lanario intentan romper el atractivo que para las gaviotas supone arrullarse con los frecuentes alisios frente a la cabecera Este y, con ello, obligándolas a seguir en línea recta y que no interfieran en el tráfico aéreo, sin olvidar otras aves más pequeñas, pero que también pueden afectar, aunque el riesgo es menor, a los aviones en pleno vuelo.
Pero no todo es tan sencillo como se pueda imaginar. Las gaviotas alcanzan tamaños considerables, son fuertes y están acostumbradas a defenderse y atacar en grupo. Además, hay otro factor determinante que complica aún más la labor de ahuyentarlas. Jorge García Granda, uno de los dos especialistas que trabajan con los halcones, ofrece la clave al advertir de que "la gaviota no tiene enemigos naturales y, por tanto, es difícil hacerle entender que el halcón es un peligro", aunque "todo es cuestión de tiempo".
Jorge García relató para EL DÍA el trabajo diario que se realiza para lograr un espacio aéreo más seguro: "Volamos halcones en diferentes techos de altura, entre 50 y 300 metros, y el objetivo es que toda la fauna que se encuentra alrededor adviertan el peligro que supone un halcón y desestime la zona del aeropuerto como atractiva y, por tanto, la abandone. Debemos volar los halcones a diferentes horas para evitar que las aves se habitúen a la hora que llega el halcón".
El cuidador sabe que los resultados no son inmediatos; es decir, se necesita de unos meses, quizás cerca de un año, para dar mayor seguridad al espacio aéreo de la Isla. En este sentido, informó de que "los halcones vienen de volar de otras zonas, donde la topografía del terreno es diferente y en las que no aprovechan los vientos de la misma forma. Les cuesta aprender a volar".
Hay que tener en cuenta que el aeropuerto de La Palma está rodeado por una franja costera donde habitan muchas aves, lo que implica mayor tránsito que en los lugares llanos sin acantilados. Eso sí, la instalación está rodeada de pobre vegetación de mediano y gran tamaño, ya que la que existe es de escasa altura y sirve de refugio a pequeños pájaros como canarios, pardillos comunes, mosquiteros, bisbita caminero y gorrión moruno. Se han observado algunos ejemplares de rapaces como es el caso del cernícalo vulgar y el buzardo ratonero, los cuales suelen frecuentar los bordes de la pista para alimentarse de reptiles como perenquenes, lagartos y ratones, en el caso del primero; y conejos y ratas (restos de atropello), en el caso del segundo.
Muy cerca del aeropuerto destaca la existencia de una colonia de cría de palomas bravías, ubicada en la escollera Este (hacía Los Cancajos), lugar donde han encontrado entre los prismas un refugio artificial de difícil acceso para sus depredadores naturales. Por su parte, las gaviotas utilizan los vientos alisios del nordeste, que sopla durante buena parte del año, para desplazarse bordeando e invadiendo la pista del aeropuerto hasta alcanzar los acantilados costeros. Con los halcones se intenta ahuyentarlas para que volar en La Palma sea un poco más seguro.
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