D. BARBUZANO, La Laguna
La imagen de la cúpula central de La Catedral que aparece en esta información con un andamio no es actual, sino que pertenece a 1986, y permitió a los técnicos, como Sebastián Matías Delgado Campos, reconocer la descomposición de los morteros de recubrimiento, especialmente los del exterior.
Esto producía en aquel entonces desprendimientos dentro del templo, perjudiciales tanto para las personas como para las imágenes. Por ello, en 1988, la cúpula y el cimborrio fueron picados, y luego recibieron una capa nueva de mortero más resistente y resinas especiales. Incluso se colocaron láminas de plomo que parece que más tarde se cayeron.
Pasaron los años, y con la preparación de los actos del V Centenario de la Fundación de La Laguna y de la visita de la Virgen de Candelaria y ubicación en el templo catedralicio, el obispo Fe-lipe Fernández García, acogiendo la propuesta del Cabildo, nombró al canónigo José Siverio Pérez como delegado y presidente de la comisión encargada de promover la restauración de la citada iglesia, en los elementos más necesitados como torre, cúpula y techumbre. Esto ocurría el 6 de septiembre de 1994.
El 1 de noviembre del referido año, José Siverio emitió el si-guiente informe:
"Durante la celebración del V Centenario de la Fundación de La Laguna es previsible que una gran parte de los actos solemnes más significativos y concurridos, cí-vico-religiosos y culturales, hayan de tener lugar en el templo catedralicio, que, en la actualidad, lamentablemente, no ofrece muchas garantías de adecuado acondicionamiento para la seguridad de nuestras multitudinarias concentraciones.
Por ello, estimo procedente elaborar el presente informe como elemental medida inicial de recopilación de otros estudios y consideraciones que en los últimos años han venido señalando los deterioros y necesidades que padece el templo".
Dicha información se presentó y sometió a la atención de las autoridades y organismos competentes (eclesiásticos y de la administración) en solicitud de un interés y apropiada gestión que contribuyera cuanto antes a proporcionar una "solución definitiva a las carencias y progresivo deterioro de La Catedral".
El informe técnico al que ha tenido acceso EL DÍA destaca que, con carácter de emergencia, se intervino en 1988 en la cúpula y en el cimborrio, porque presentaba una patología generalizada de descomposición de los morteros de recubrimiento, principalmente los expuestos al aire libre por actuar en los mismos los agentes atmosféricos.
A raíz de la actuación del arquitecto Sebastián Matías, se hace constar en el informe que "el peligro de los repetidos desprendimientos, especialmente en el interior de la iglesia y las preocupantes filtraciones y humedades, quedó en parte atenuado".
Por lo que respecta a las bóvedas, el informe habla de que las bóvedas que cubren las cinco naves del espacio del edificio, recubiertas de losetas y sin tratamiento alguno por falta de recursos económicos, ofrecían a simple vista una cierta dificultad para la comprobación y análisis de su patología y el pertinente tratamiento . "Se supone -se precisa- que todas las filtraciones por grietas y los desprendimientos hacia el interior obedecen a las alteraciones de las condiciones de durabilidad de los materiales. Pero en algunos sectores las fisuras detectables a simple vista son tan im-portantes que dejan muchas partes del abovedamiento en estado precario, con riesgos fácilmente adivinables".
Mención aparte merece el co-mentario relativo a que "una intervención rápida en estas bóvedas es ya no sólo necesaria sino, además, muy urgente".
Muchos más problemas
El informe que encargó el Obispado recoge también que la torre del lado norte, hecha de hormigón y que desde 1990 contaba con una malla ante los desprendimientos, presenta un deterioro en el hormigón igual que en las bóvedas de la cubierta.
El estudio lo hizo el Instituto Técnico de Materiales y Construcciones (Intemac), que comprobó en la torre "una degradación intensa de las armaduras de la estructura y de los elementos no estructurales ejecutados en hormigón armado, viéndose gravemente afectado el pináculo y los lóbulos decorativos dispuestos en el coronamiento, hasta el punto de entrañar un grave riesgo de rotura y desprendimiento; en este caso, la malla no serviría de mucho".
La torre fue demolida y reconstruida en piedra natural por el artesano y maestro cantero Fernando Mena.
El estudio aludía, además, a la precariedad de la instalación eléctrica con un sistema de conducción y reparto de la energía calificado de obsoleto, que constituía un peligro para el patrimonio mueble del templo.
La explicación de que no se hubieran producido accidentes graves de electrificación, según los técnicos, "podría estar en que el uso de la iluminación total del edificio se hace en periodos de no muy larga duración, por lo que el calentamiento de los cables no ha llegado a los límites de ignición".
También se reclamó una adaptación del altar principal y el presbiterio a la normativa.
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