COLPISA, Madrid
Es el compositor vivo más importante de la música popular latinoamericana, pero no se comporta como tal. Manuel Alejandro da todo el protagonismo a los artistas que han interpretado sus cerca de quinientas canciones "porque ellos son los que han hecho que sean éxitos".
Raphael, Julio Iglesias, Marisol, Nino Bravo, Rocío Jurado, Plácido Domingo, Jeannette, Luis Miguel y "El Puma" son sólo algunas de las estrellas que han cantado las creaciones de este educadísimo septuagenario jerezano que el próximo jueves recibirá en Valladolid el Premio de Honor de la Academia de la Música.
A Alejandro no le gusta ser centro de atención, pero este nuevo reconocimiento, una más en su prolífica carrera, le ha hecho salir de sus cuarteles. Con un envidiable aspecto físico que desmiente sus 75 años -"lo que mantiene no son las pastillas, sino el deseo y las ganas", avisa-, el autor de "Yo soy aquel", "Como yo te amo", "Manuela" y "Lo siento, amor", sonríe ante el comentario de que todos conocen sus obras, pero muy pocos su rostro.
"No hay que conocer al que escribe, es mejor que permanezca en la sombra porque cada uno se imagina cómo es según le llegue la canción que esté oyendo. Un autor no es un hombre de batalla, de dar la cara, sino de estar en zapatillas y de puertas para dentro", declara.
Dice el hijo de Germán Álvarez-Beigbeder, uno de los grandes sinfonistas españoles contemporáneos, que el artista es el que se cuida "para salir al escenario y tener público delante. Para ser una figura, una estrella, hay que tener madera de exhibicionista, y yo no la tengo. No me gusta exhibirme", declara el músico, a quien este Premio de Honor le ha hecho pensar "que ha pasado casi todo o que ha pasado mucho y queda muy poco por hacer", apunta.
No es su caso porque Manuel Alejandro está activo. Así, la próxima semana hace realidad otro de sus sueños porque sale el álbum completo que le ha hecho al mexicano Luis Miguel, "Cómplice". "Son canciones serias porque yo lo soy, aunque Luis Miguel está más joven y fresco que nunca", asegura este hombre de palabras que no para de leer y estudiar.
Poco dado a salir de su rutina "que es importante para hacer estas letrillas y estas musiquillas. La música ligera no puede ser demasiada culta y preparada porque, entonces, no valdría. Es difícil hacer una letra cuando tienes mucho conocimiento, por eso yo me quedé en el medio, estudié lo justo para dedicarme a lo que quería", expresa.
Se formó en el Conservatorio de Madrid y antes en el de Sevilla con su padre y, como no podía saber más que él, rememora, se vino a Madrid.
"Me enamoré tres o cuatro veces y esto fue lo que me sirvió para hacer canciones, porque la técnica ya la tenía. Tenía que llenar el corazón. El amor ha sido el eje de mi vida, todos mis temas, salvo muy pocos, son mariposas, van picando flores sin ahondar mucho", apostilla el maestro.
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