LEONCIO RODRÍGUEZ (1881-1955) nació en el seno de una emprendedora familia recientemente inmigrada en La Laguna del municipio norteño de Buenavista, su adolescencia y juventud las vivió en la calle de La Carrera, donde su padre había montado una tabaquería que solía congregar a la intelectualidad local para, muchas veces, en su presencia, improvisar tertulias de un marcado carácter liberal y regionalista. Fue uno de los escasísimos jóvenes canarios que completaron a finales del siglo XIX el bachillerato, en concreto en el único centro oficial de enseñanzas medias que por entonces había en el archipiélago, el Instituto de Canarias, cuando más del 70 por 100 de la población era analfabeta. Concluyó sus estudios, en 1897, con la máxima nota de sobresaliente, momento en que aceptó un puesto de trabajo en el ayuntamiento de su ciudad natal. Fue cuando frisaba los treinta años cuando Leoncio Rodríguez decidió acometer, con el apoyo de sus correligionarios republicanos, la que habría de ser la obra de su vida: la fundación de La prensa (1910-1939) en Santa Cruz de Tenerife. Fue en vida de este diario cuando legó a sus conciudadanos los testimonios más esclarecedores de su pensamiento, muchos de los cuales fueron publicados originariamente en el periódico y, luego, recopilados en alguno de sus libros. ANTONIO RUMEU DE ARMAS (Santa Cruz de Tenerife, 1912-Madrid, 2006) estudió Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad Complutense, donde se doctoró en ambas carreras. Fue profesor universitario en las de Granada y Barcelona, hasta que obtuvo la cátedra de Historia de España en la Complutense. Su amplia formación académica le permitió acceder a las más prestigiosas instituciones universitarias del mundo. Especializado en historia de América y de las Islas Canarias, fue profesor extraordinario en la Universidad de Georgetown en Estados Unidos y emérito de la Escuela Diplomática en España y en varios países sudamericanos -México, Argentina, Perú, Colombia y Chile-, instituciones que le nombraron académico de número en sus correspondientes del área de Historia. Fue presidente de la Real Academia de la Historia de la que era miembro desde 1968 y fundador del Anuario de Estudios Atlánticos, que dirigió hasta poco antes de su muerte. Además, dirigió Hispania y Cuadernos de Historia, editados por el Centro Superior de Investigaciones Científicas, del que también fue miembro activo. Entre los premios y distinciones obtenidos, destacan el Premio Nacional de Literatura en 1955 y el Antonio de Nebrija, diez años antes.