Al margen de las críticas, y momentánea pérdida de popularidad, que el presidente francés Nicolás Sarkozy pueda sufrir injustamente por la excesiva repercusión mediática de su vida privada, lo cierto es que su estrategia y visión política, consciente de lo que Francia pesa en Europa, resulta innegable. Su visita al Reino Unido, marginando tácticamente a Alemania, denota una capacidad de iniciativa y liderazgo admirables. Entiende que ha llegado el momento de reforzar y estrechar lazos con el Reino Unido. Ha instado a su homólogo británico, Gordon Brown, a firmar un acuerdo sobre energía nuclear.
La trascendente cuestión de la energía nuclear vuelve a ser objeto de debate en todo el mundo. Personalmente, me defraudó que este asunto vital quedase fuera de los debates electorales, tanto por parte del PSOE como el PP, en las recientes elecciones generales. Para nadie es ya un secreto, y sí una preocupación creciente, que la fuerte subida del precio del petróleo y la cada vez mayor dependencia energética ha llevado a muchos gobiernos occidentales a plantearse la seguridad del suministro mediante el establecimiento de centrales nucleares de última generación.
Lógicamente, Francia está muy interesada en potenciar su uso. Mas del 78% de la electricidad producida en el país galo es de origen nuclear. Francia es el primer país del mundo en energía nuclear por habitante, lo que le garantiza la independencia energética y la capacidad militar. El atómico es uno de los grandes negocios galos, con unos ingresos de hasta 4.500 millones de euros anuales. Actualmente exporta un 20% de la producción a países como Italia y Austria. No parece lógica la posición inicial, aunque tímida, del gobierno socialista español, contraria a esta energía. Casi todos los países europeos, a excepción de Alemania e Italia, apuestan por las centrales nucleares. Es ya la energía más barata. Estados Unidos prevé la construcción de treinta nuevos reactores en los próximos veinte años. El candidato a la presidencia de Italia, Berlusconi, acaba de proponer la construcción de nuevas plantas nucleares ante la "incapacidad de la energía eólica para cubrir las necesidades", idea esta última en la que persiste Zapatero. La de Zapatero es una posición ideológica y no racional. Las viejas discusiones entre defensores y detractores de lo nuclear ya no pintan nada, y constituyen un reducto nostálgico de cierta parte de la izquierda.
Pero es que, además, España es ya nuclear. No sólo por las centrales actualmente existentes en nuestro país, y que continúan en funcionamiento, sino porque si toda Francia es nuclear, también lo es España. Estamos a cinco minutos de territorio galo. No es posible que Francia sea nuclear y España no. Parte de los reactores nucleares franceses están muy cerca de los Pirineos. Además, Marruecos y Argelia, nuestro flanco Sur, han anunciado ya un ambicioso programa de nuevas instalaciones que, casualmente, se explica a través de la inminente alianza franco-británica. La luz de origen nuclear es, tras el carbón y el gas, la tercera fuente de energía en España, donde supone el 20% del consumo, cifra que se eleva al 30% en Europa.
Reino Unido, consciente de esta realidad que se impone como necesidad, quiere liderar junto a Francia una nueva generación de centrales nucleares cuya energía aspira exportar a otros países en un plazo de quince años. El gobierno inglés considera que ésta es la mejor vía, además, para combatir el cambio climático. No hay que olvidar sus ventajas medioambientales, ya que es una energía libre de emisiones de CO2. Otros aspectos positivos son que sus costes variables son bajos y estables, frente a la inestabilidad existente en importantes productores de gas y petróleo.
No quiero obviar que uno de los grandes inconvenientes de la energía nuclear son los residuos que origina. Pero los argumentos a favor son contundentes, y las mejoras tecnológicas en seguridad alcanzadas en las plantas de tercera generación tienden a la más absoluta tranquilidad de la población.
¿Qué hará Zapatero ante este colosal problema, y siendo consciente de que la dependencia exterior de España en materia de energía es uno de los puntos mas débiles de nuestra estructura económica?
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