Mientras esperamos a que el martes se constituyan el Congreso y el Senado emanados de las últimas elecciones y se formen sus respectivas Mesas, en las filas del Partido Socialista Obrero Español se ha comenzado ya la campaña de las próximas elecciones haciendo oposición a la oposición, y en las del Partido Popular cunden el desconcierto y el silencio ante el hermetismo con que Mariano Rajoy afronta la Legislatura. Este compás de espera ha desatado, sobre todo, la impaciencia de los medios más afines al PP, especialmente los que aspiran a ser quienes le marquen la agenda. En esos medios menudean desde el primer día los reproches al presidente popular, acusándolo de indolencia, de no saber lo que tiene que hacer y de otras lindezas semejantes.
Campaña
El principio de la campaña socialista para las próximas elecciones se ha manifestado sin ningún rubor: Rodríguez Zapatero necesita el apoyo de siete votos en el Congreso para contar con mayoría absoluta. En las conversaciones de José "Pepiño" Blanco con los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco, éstos le hicieron saber que quieren, como parte del precio para su apoyo, la presencia de uno de sus diputados en la Mesa, lo cual exige que uno de los dos grandes partidos renuncie a una plaza de las que le corresponden en ese órgano de gobierno de la Cámara. Entonces Blanco, ni corto ni perezoso, propuso al Partido Popular que cediera al PNV uno de sus puestos en la Mesa. Cuando recibió la única respuesta sensata a tal petición, que era por razones obvias un no, le faltó tiempo para ir a las televisiones a quejarse del talante crispador del Partido Popular, que mantiene su intolerancia y su resistencia a lograr acuerdos, y acusarlo de mentiroso porque Rajoy, en la campaña electoral, había dicho que trataría de establecer pactos con los socialistas.
Esta historia parece surrealista, pero me temo que habremos de asistir a episodios como éste en más de una ocasión, porque el PSOE de Rodríguez no ha modificado su estrategia de descalificación del PP, que debe de considerar muy conveniente para lograr la próxima vez mayoría absoluta.
En rigor, el PSOE no necesita al PNV para formar una mayoría estable en el Congreso; puede lograrla de otras varias formas, bien con el auxilio de fuerzas políticamente templadas como CiU o la Coalición Canaria, bien con minorías pequeñas de izquierda, como Izquierda Unida, Esquerra Republicana de Catalunya o el Bloque Nacionalista Galego. E incluso ni siquiera necesitaría pactos de Legislatura con ninguna de esas formaciones, como no los necesitó la UCD en 1979, cuando obtuvo también 169 escaños y negoció con unos u otros cada proyecto de Ley; es una fórmula probablemente más cara, pero ha demostrado que funciona.
De todos modos, Rodríguez Zapatero parece más inclinado a establecer compromisos estables, que tienen más ventajas, y, al menos para él, carecen del inconveniente de tener que cumplirlos, como quedó demostrado con su cambio de alianzas en pleno proceso de aprobación del Estatuto de Cataluña en la Legislatura pasada. Otra cosa es que, a estas alturas, sus eventuales socios vayan a confiar en su palabra; pero la atracción del poder es enorme, y además el hombre es, como se sabe, el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra.
Desconcierto
Por lo que respecta al Partido Popular, el silencio de Rajoy ha dado pie a todo género de conjeturas, sobre todo por lo críptico de su anuncio de que se presentará como candidato a seguir presidiendo el partido en el congreso de junio, acompañado de "su equipo" y sin soltar un solo nombre propio que ofrezca alguna pista a sus perplejas huestes, que exhiben un más que notable desconcierto.
El Partido Popular da la sensación de estar enredado en las quinielas de nombres, y de ignorar la imperiosa necesidad de definir los criterios básicos que debe defender en cuanto al modelo de sociedad que quiere ofrecer a los ciudadanos. En una entrevista publicada en el semanario "Alba", el politólogo Rafael Bardají alertaba días pasados contra el grave riesgo que corre el PP de convertirse en "el ala derecha del PSOE". Esta aguda observación cobra especial importancia a la vista del proyecto que Rodríguez ha empezado a desarrollar durante los pasados cuatro años, que consiste en imponer un modelo de sociedad que el constituyente de 1978 ni siquiera imaginó, y que para establecerse requiere retorcer hasta el esperpento la Constitución vigente; destrucción del instituto jurídico del matrimonio civil, divorcio exprés, asignatura de "Educación para la ciudadanía" que sigue al pie de la letra la agenda homosexual, son ejemplos de una verdadera subversión de los valores y principios que han dado forma a la civilización occidental de la que formamos parte.
Podría pensarse que el Partido Popular confía en que el Tribunal Constitucional pondrá coto a esta subversión silenciosa; pero después de Rumasa, de la puesta en libertad de la Mesa de Herri Batasuna o de la convalidación de la Ley de Normalización Lingüística de Cataluña, ¿por qué el TC iba a ser más escrupuloso en cuanto al modelo de sociedad, si el modelo político ya está haciendo agua por todas partes gracias a sus sentencias?
Posdata
El caso de la niña Mari Luz Cortés, que acapara horas de radios y televisiones y páginas de periódicos y revistas, va entreteniendo la sed de emociones fuertes de la gente. Pero, al mismo tiempo, ha puesto de manifiesto las gravísimas deficiencias de funcionamiento de la Administración de Justicia en España. Pensar en un gran acuerdo PP-PSOE para remediar esta situación es quimérico: el ansia de controlar a los jueces (o de desacreditarlos, si eso no es posible) puede más que la voluntad de servicio público. No quieren arreglar la Justicia, sino someterla. ¿Unos y otros? Unos más que otros.
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