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SIDA

Las ONG dicen que discriminar favorece la transmisión

30/mar/08 19:49
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COLPISA, Madrid

A propósito del VIH causante del sida, no hay peor "virus" que el estigma, ni mayor peligro sanitario que la discriminación de las personas infectadas. Así lo reconoció en 2001 una asamblea especial de las Naciones Unidas, que encargó a ONUSIDA iniciativas para acabar con tales prejuicios y marginaciones. Y así lo sigue entendiendo la coalición comunitaria española RED2002, que en 2003 creó con idéntica finalidad el Observatorio de Derechos Humanos y VIH-sida y que ahora vuelve a la carga con un Centro de Recursos Mediáticos para favorecer una imagen realista y no discriminatoria de la enfermedad y del colectivo.

La Organización Mundial de la Salud no se cansa de repetir que "a pesar de los logros en tratamientos, sólo la prevención conseguirá cambiar el curso de la epidemia". Y desde la ONU y su Programa Conjunto sobre el VIH-sida se insiste en la necesidad de "sacar al sida de las sombras y difundir el mensaje de que el silencio equivale a la muerte". Un mensaje tanto más urgente cuanto que, gracias a las nuevas terapias antirretrovirales, ahora "se puede vivir con VIH", sobre todo en los países desarrollados, pero cada vez más en el mundo pobre.

Peligroso aislamiento

El eterno "gran enemigo" en la lucha contra la pandemia es, de hecho, la ignorancia que alimenta irracionalmente el estigma y la discriminación. Porque, como subraya la asociación Apoyo Positivo en una de sus campañas, "lo que más preocupa a la persona infectada es el miedo al rechazo de los demás", y ese "sentimiento de aislamiento y soledad hace que el virus se extienda más rápido".

La marginación no sólo "encierra" en su entorno a las personas con VIH y a sus familias, sino que levanta un muro que dificulta la imprescindible educación preventiva para evitar su transmisión.

En los países en desarrollo, con el África Subsahariana a la cabeza (22,5 millones de infectados, el 68% del total mundial), la estigmatización resulta temeraria porque alimenta la espiral de aislamiento, silencio y transmisión del virus. Pero también es preocupante en el mundo rico, incluida España, donde el Observatorio de Derechos Humanos y VIH-sida ha visto cómo las consultas y denuncias sobre discriminaciones en los ámbitos laboral (prueba del VIH para entrar a trabajar) y financiero (análisis y datos médicos al solicitar seguros y créditos) llegaban a superar a las dudas sanitarias.

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Las ONG dicen que discriminar favorece la transmisión

COLPISA, Madrid

A propósito del VIH causante del sida, no hay peor "virus" que el estigma, ni mayor peligro sanitario que la discriminación de las personas infectadas. Así lo reconoció en 2001 una asamblea especial de las Naciones Unidas, que encargó a ONUSIDA iniciativas para acabar con tales prejuicios y marginaciones. Y así lo sigue entendiendo la coalición comunitaria española RED2002, que en 2003 creó con idéntica finalidad el Observatorio de Derechos Humanos y VIH-sida y que ahora vuelve a la carga con un Centro de Recursos Mediáticos para favorecer una imagen realista y no discriminatoria de la enfermedad y del colectivo.

La Organización Mundial de la Salud no se cansa de repetir que "a pesar de los logros en tratamientos, sólo la prevención conseguirá cambiar el curso de la epidemia". Y desde la ONU y su Programa Conjunto sobre el VIH-sida se insiste en la necesidad de "sacar al sida de las sombras y difundir el mensaje de que el silencio equivale a la muerte". Un mensaje tanto más urgente cuanto que, gracias a las nuevas terapias antirretrovirales, ahora "se puede vivir con VIH", sobre todo en los países desarrollados, pero cada vez más en el mundo pobre.

Peligroso aislamiento

El eterno "gran enemigo" en la lucha contra la pandemia es, de hecho, la ignorancia que alimenta irracionalmente el estigma y la discriminación. Porque, como subraya la asociación Apoyo Positivo en una de sus campañas, "lo que más preocupa a la persona infectada es el miedo al rechazo de los demás", y ese "sentimiento de aislamiento y soledad hace que el virus se extienda más rápido".

La marginación no sólo "encierra" en su entorno a las personas con VIH y a sus familias, sino que levanta un muro que dificulta la imprescindible educación preventiva para evitar su transmisión.

En los países en desarrollo, con el África Subsahariana a la cabeza (22,5 millones de infectados, el 68% del total mundial), la estigmatización resulta temeraria porque alimenta la espiral de aislamiento, silencio y transmisión del virus. Pero también es preocupante en el mundo rico, incluida España, donde el Observatorio de Derechos Humanos y VIH-sida ha visto cómo las consultas y denuncias sobre discriminaciones en los ámbitos laboral (prueba del VIH para entrar a trabajar) y financiero (análisis y datos médicos al solicitar seguros y créditos) llegaban a superar a las dudas sanitarias.

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