QUÉ HORROR el debate parlamentario -de alguna manera hay que llamarlo- sobre el estado de la nacionalidad. Qué sensación de vergüenza ajena. Qué altura dialéctica (por momentos, se alcanzó el nivel de las alcantarillas) y qué pérdida de tiempo. No hay quien escape de la quema ni hay quien sobresalga. Si acaso, López Aguilar por lo reiterativo y monotemático. Que se vaya a Madrid será una bendición incluso para quienes le votaron, pero jamás creyeron que fuese a mantener tan empecinada actitud y tan improductivo discurso. Lo malo es que quien lo sustituirá como portavoz en la oposición -si es quien se prevé- insistirá en el modelo retórico, pero para aportar únicamente menos brillantez aún.
Qué pena, penita, pena, que decía la copla. Pero, lo más terrorífico de todo fue el anuncio de Paulino Rivero de un deseo verdaderamente horripilante. Quiere -dijo- que el suyo sea "un Gobierno pegado a la gente". Terrible, oigan. Esa misma noche tuve pesadillas. Y es que me fui a la cama pensando en la posibilidad de que la aspiración presidencial pudiera convertirse en una obsesiva realidad.
Lo que la gente quiere -imagino y desde mi propio punto de vista como gente que soy- es un Gobierno que curre, que solucione problemas, pero que no le agobie. Menos aún, por supuesto, un Gobierno que esté pegado a uno todo el rato. Se trata de una perspectiva verdaderamente molesta.
Lo primero que se pregunta uno es qué consejero del Gobierno será el designado para que se le pegue a cada cual y a cada uno como una lapa. ¿Ruano?... ¿Acaso -¡cruz, perro maldito!- el mismísimo José Manuel Soria?... Porque supongo que no todo el Ejecutivo en peso podrá pegarse a cada uno de los habitantes de esta surrealista Comunidad. Sería un despilfarro y, además, tendrán otras cosas que hacer los miembros del Gobierno, además de andar por ahí, pegados a la gente.
-Oiga? don José Manuel? ¿Se me despega un poquito?... Es que voy a hacer pipí, ¿sabe?
¿Quién le ha dicho a Paulino Rivero que los ciudadanos deseamos que se nos pegue nadie?... ¿Se ha parado a pensar el presidente que, incluso, a algunos contribuyentes les puede caer antipático el señor Berriel, pongamos por caso y que tenerlo constantemente al lado, como un perrito faldero o una mosca mayormente cojonera, puede ser considerada una expectativa desagradable y molesta para una parte importante de la población?... O sea, que no, tíos. Ustedes quédense en sus consejerías, cumplan con sus obligaciones, traten de gobernar con rigor y coherencia, recen para que nombren a López Aguilar embajador en algún lejanísimo país a ver si desde allí se le afloja la tabarra, y a nosotros déjennos solitos, libres, tranquilos y no se nos peguen para nada (en confianza: encima sé de consejeros cuya halitosis resulta insufrible).
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