-NO PUEDO creerlo. ¿Cómo es posible que usted, tan preocupado siempre por el buen uso de nuestra lengua, se haya metido en ese galimatías de vaticinar el futuro? ¡Supongo que sabrá usted lo que tales palabras significan!
-¿Qué palabras?
-Futuro y vaticinar.
-Por supuesto que lo sé. Lo que no sé es por dónde van sus tiros, doña Clotilde. ¿Qué quiere usted decir con su anterior comentario?
-Que en su artículo de la pasada semana escribe usted lo siguiente: "Se ve que a don Francisco Umbral no se le daba bien esto de vaticinar el futuro".
-¿Y qué ocurre?
-Pues que la palabra futuro sobra, porque ya va implícita en el verbo vaticinar. ¿Le parecería a usted bien que el Sr. Rajoy vaticinara ahora su derrota? Tenía que haberla vaticinado antes de que tal derrota se produjera. Sólo se puede vaticinar el futuro.
Me quedo de piedra y, como veo perdido mi combate dialéctico con doña Clotilde, por causas de su indudable sapiencia -o de mi supina ignorancia, como ustedes prefieran- me escapo como puedo diciendo lo que se me ocurre en aquel momento para mí crucial:
-Deje en paz al Sr. Rajoy porque a mí la política no me interesa. Soy abstemio.
-¿Abstemio? ¿Y qué tiene que ver la política con que a un señor no le guste el vino o el coñac?
-Señora mía: he querido decir que soy abstemio de la política, no del alcohol.
-En ese caso debió usted decir: "Me abstengo de entrar en política, de hacer comentarios sobre política, de creerme de pe a pa las promesas de los políticos...".
-Y eso es lo que he querido decir.
-Pero no lo ha dicho. El adjetivo abstemio y el verbo abstenerse no pertenecen a una misma familia léxica.
-Pero mire usted: uno de los significados de la palabra abstenerse es "no participar en algo a lo que se tiene derecho".
-Eso está bien; pero no significa ser abstemio. Son cosas absolutamente distintas. Usted, que suele acertar siempre en sus puntos de vista, parece hoy obnubilado. ¿Qué le ocurre?
-Que cuando doy un patinazo lingüístico no me conformo. Por eso hoy he dado dos.
-No se preocupe demasiado. A mí me pasa también algunas veces.
-Voy a decirle una cosa, doña Clotilde: si todas las profesoras de Lengua Española fueran como usted, no habría tantos semianalfabetos en algunas universidades de este país. Y, al decir país, no me refiero al periódico de tal nombre sino a eso que algunos llaman nación y otros, estado y que antes se llamaba patria. Usted me entiende, así que no voy a insistir.
-Ahora soy yo quien le hace una pregunta: ¿qué significa para usted la palabra chantillí ? Se lo pregunto porque una compañera de claustro me dice que significa únicamente "crema usada en pastelería, hecha con nata batida". Pero creo que también hace referencia tal palabra a algo de costura. Lo que pasa es que el DRAE no lo contempla.
Me da la impresión de que doña Clotilde me ha sacado a relucir este asunto para que yo no me desanime. Pero le propongo, para seguirle la corriente, consultar el Panhispánico. Dicho y hecho. Nos vamos a casa y, en efecto, chantillí, además de una crema de nata, es también "encaje de bolillos de malla exagonal".
-Ahora soy yo quien le agradece la aclaración. Y, por cierto, me gusta mucho ese diccionario que usted tiene.
-No se esfuerce, doña Clotilde, no se esfuerce. Ya sé que la gramática es una ciencia difícil. Lo fácil, lo verdaderamente fácil es tropezar. Y, ya ve usted, yo lo he hecho dos veces.
Doña Clotilde se va y a mí no se me ocurre otra cosa que contarles a ustedes lo sucedido. Como penitencia, debe ser.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD