Tribulaciones de un viajero patrio
La una y veinte de la mañana, domingo de Pascua. Parada de Titsa frente al Aeropuerto del Sur. Una treintena de pasajeros del último vuelo recién aterrizado esperan a que el conductor de la guagua, cuya salida está prevista para la una y media, tenga a bien aparecer y abrir las puertas del vehículo. La Semana Santa ha llegado a su fin, llovizna ligeramente y los viajeros aparentan estar muy cansados.
Las dos menos cuarto y ningún operario de la empresa de transporte da señales de vida. Los pasajeros no hablan, algunos fuman, otros miran impacientes a izquierda y derecha esperando a que llegue el bendito conductor que nos llevará, por fin, a casa. De una puerta alejada salen dos hombres de aspecto relajado que miran de reojo hacia la guagua. Llevan uniforme. Los infelices viajeros agarran sus maletas y se acercan a las puertas. Vana esperanza, nuestros "salvadores" entran en el aeropuerto sin acercarse siquiera a dar explicaciones. Una pareja de valientes se adentra igualmente en persecución de los uniformados. Al menos consiguen una respuesta que pronto se difunde por el andén: un avión de Iberia llega con retraso y es necesario esperarles. En tan piadosas fechas apetece invitar a los pasajeros a rezar una sentida plegaria para que el tan deseado avión no llegue con las cuatro horas de retraso con las que nos obsequió la última vez que usamos sus servicios. Sin embargo, nos falta valor para proponer tan solemne acto. Casi a las 2, el caritativo conductor, que ha llamado a la central de su empresa en repetidas ocasiones sin conseguir la autorización para la partida, nos abre las puertas, y al menos, podemos colocar nuestras maletas y sentarnos. Podría extenderme en la amena velada con música de los 80 con la que nos obsequió el empleado, sin embargo, prefiero tranquilizarles con la esperadísima llegada del avión a eso de las dos cincuenta de la madrugada y la subida a la guagua de tres o cuatro personas, la veloz carrera hacia Santa Cruz y la feliz llegada a nuestro destino.
Este es el servicio que ofrece Titsa a los ciudadanos, éste es el respeto que siente hacia sus usuarios, ésa es la seriedad del único servicio público de autobuses entre los aeropuertos y la capital. Y yo me pregunto: ¿cuáles son los deberes de la empresa respecto al cumplimiento de los horarios estipulados?, ¿qué derechos nos asisten como clientes de dicha empresa?, ¿qué suponía pedir disculpas a los viajeros por la alteración del horario y las molestias ocasionadas?, ¿por qué ha de hacerse responsable Titsa de las irregularidades de Iberia?, ¿por qué ningún pasajero protesta o se indigna, tan mal nos tienen acostumbrados? Prometo averiguarlo, pero, hasta entonces, procuraré buscarme otro medio de transporte, que ya no tenemos edad para sufrir estas incertidumbres.
Asunción Pintado Busto
Una "acción de protesta" legítima como cualquier otra
Hace unos días, en esta misma sección aparecía un escrito de un fascista o anti-sindicalista (que es lo mismo), criticando sin saber y arrojando improperios contra todo con doble intención, seguramente poniendo el puño y letra de forma orquestada y dirigido por otras mentes calenturientas con ánimo de venganza, eso sí, escondiéndose tras un seudónimo. En este caso ha estado motivado por la persecución y expediente disciplinario sin fundamento ni sentido sobre uno de nuestros delegados sindicales en el Ayuntamiento de La Laguna.
Y por ello hemos decidido, una pequeña representación sindical formada por delegados y representantes de este sindicato, en hacer el ya famoso acto y parodia de protesta contra una situación que sólo afecta por el momento a nuestra organización, por ser nuestro delegado la víctima y no el de otros. Pero nadie, ni nosotros, ha hablado de manifestaciones de protesta de trabajadores, ni de huelgas ni movilizaciones numerosas de afiliados o con otros sindicatos para provocar grandes concentraciones humanas. Por otro lado, no nos atrevemos a involucrar a ajenos por respeto a su autonomía y libertad individual de acción o participación, y menos cuando se está ante negociaciones y acuerdos para esclarecer mejorar las condiciones laborales de todos. Por eso no entendemos la preocupación de este escribiente por la escasa o numerosa participación en un acto puntual que decía más por el mensaje dado que por la afluencia de personas o multitudes.
Sr. Bufón de su Corte, entérese de que las protestas solicitadas legítimamente son viables tanto si las hacen 10 ó mil personas, que la calle es pública y los sindicatos (o al menos los que se precien) deben ser dentro del sistema y de sus posibilidades una defensa o freno ante los continuos abusos, atropellos o las cacicadas que vulneran constantemente nuestros derechos, los de los trabajadores/as de cualquier condición y los de la democracia, nuestra Constitución y sus leyes.
Tampoco comparto el que haya arremetido sobre los periodistas que han hecho pública la noticia en un gesto de independencia e imparcialidad profesional, algo que, por otro lado, no abunda en estos días, y prueba de ello es lo que sucedería si Vd. estuviese al frente de cualquier medio de difusión. Desprendo por su expresión que la censura sería su desayuno diario.
Por otro lado, y dada mi larga experiencia sindical, debo agradecerle de alguna manera su charlatanería llena de rencor transferido, recelo y molestias concentradas. Ello demuestra que la acción de protesta ha causado interés y ha resultado más eficaz de lo esperado, perdurando, además, su recuerdo en el tiempo, algo que no se logra todos los días, y a lo mejor hasta la repetimos dadas las muestras de cariño y felicitaciones de las gentes que se entretenían con el espectáculo y otros con el mensaje de atropello de los políticos y altos funcionarios que se creen dueños de la propiedad del pueblo.
Y aclararle para su tranquilidad que la fecha coincidente con las elecciones generales fue motivo de la inteligente notificación del expediente y sanción disciplinaria al funcionario y delegado sindical apenas unas semanas antes al dicho referéndum, y al solicitar la autorización de la tan molesta protesta con diez días de antelación, mínimo ante la autoridad competente.
Pienso que sería siempre conveniente y aconsejable que toda persona que se preste a juzgar tan alegremente lo ajeno y desconocido al menos se atreva a informarse mejor y enriquecer sus ganas de hacer garabatos con argumentos veraces y sostenibles, respetar la verdad y la lógica, y no la mentira o distorsión sesgada y convenida de la realidad de manera tan descarada, sirviendo seguramente al interés de algún manipulador que lo batuta con un claro perfil opaco y nada sensible o generoso con las desgracias del personal.
Domingo Chávez Perdomo
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