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JOSÉ LUIS GUERÍN CINEASTA

"El western ha configurado mi imaginario particular"

25/mar/08 19:43
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BENJAMÍN REYES, Tenerife

José Luis Guerín (Barcelona, 1960) con tan sólo cinco largometrajes se ha granjeado un nombre como uno de los cineastas más reputados del cine español. Su trabajo empezó a ser conocido por el gran público cuando el Festival de San Sebastián otorgó a "En construcción" (2001) el Premio Especial del Jurado. Ese mismo año obtuvo el Premio Nacional de Cinematografía. Con su último largometraje, "En la ciudad de Sylvia" acaba de conseguir el Premio Julio Verne del Festival de Cine Español de Nantes, en Francia, país donde su largometraje se estrenará en las próximas semanas. Su instalación, "Las mujeres que conocemos", que presentó en la última Bienal de Venecia se expone ahora en Barcelona. Meditabundo, tocado de su sempiterna boina, reflexiona unos segundos cada pregunta antes de contestarla.

-¿Cómo descubre el cine?

-Con fascinación, pero también con miedo. Casi todos los cinéfilos hemos tenido un primer contacto con el cine muy traumático. En el sentido de que la primera proyección a la que hemos asistido ha sido una experiencia terrorífica. Y esa herida de la primera vez sólo se cura con otras películas. Es una experiencia común de muchos cinéfilos.

-¿Por qué espacia en el tiempo tanto sus películas?

-Ahora ya no. Voy a empezar a encadenar con más frecuencia mis películas. Supongo que he espaciado mis filmes porque me han llevado una gran implicación. Cada largometraje ha requerido de mi empeño promocional para que se pudieran estrenar. Hay que tener en cuenta que son películas que salen con muy pocas copias y se van estrenando, en las pequeñas ciudades de provincia, a lo largo de mucho tiempo, y estos lugares me requieren. Mi trabajo se ha desarrollado fuera de un ámbito industrializado.

-¿El tiempo lo destruye todo?

-También el tiempo lo genera todo. El cine no es más que trozos de tiempo.

-En "Innisfree" rinde culto al western.

-El western es mi género predilecto. Cuando yo era niño todavía era posible rodar un western en España. He llegado tarde al cine porque ya no existe toda esa mecánica: caballos, especialistas, decorados... En la Irlanda rural que conocí en los ochenta me pareció reconocer algunos de los elementos iconográficos del western. En aquel momento sólo quedaban los ecos del género. Me fascina la épica del western. Es la última gran gesta épica. El héroe individualista y solitario. Es una mitología de la que estoy impregnado y con la que he configurado mi imaginario.

-¿"En construcción" es la historia de una transformación?

-"En construcción" es un poblado del Oeste salvaje donde llega la civilización. Es una especie de western crepuscular. Se adopta el punto de vista de los "outsiders" que no se adecuan a las nuevas ciudades.

-¿El cine es un tren de sombras?

-Sí. El tren, como el cine, es un viaje en el tiempo y el espacio. Creo que todo cinéfilo se ha quedado fascinado más de una vez con el encuadre natural que es cualquier ventanilla de tren, y viendo pasar el paisaje velozmente tiene el efecto de la obturación cinematográfica. Es la mejor metáfora del cine. El tren siempre se ha llevado muy bien con el cine desde "La llegada del tren" (1895), de los hermanos Lumière, y el primer western de la historia del cine: "Asalto y robo a un tren" (1903), de Edwin S. Porter, hasta tantísimos filmes surcados por los trenes, de Hitchcock a John Ford. Tren de sombras es una expresión que extraje de un artículo de Maximo Gorki que comentaba la primera proyección de cine que llegó a Moscú. Empleaba el término con temor, referenciando el cine como algo relacionado a la fantasmagoría. Como si tocara algo tabú al revivir a los muertos. Es un artículo bellísimo que define muy bien los sentimientos primigenios frente al cine.

-¿Por qué Estrasburgo se convierte en la ciudad de Sylvia?

-Es una ciudad que no es de nadie. Ni siquiera de los alemanes ni de los franceses. Es una ciudad más mental donde caben muchas lenguas. Es una ciudad medieval donde el caballero ha de encontrar, en una especie de laberinto, a la dama luminosa. Es una ciudad sin tráfico, muy armónica en el movimiento, surcada sólo por tranvías y bicicletas.

-¿Todas las mujeres esconden un misterio?

-Afortunadamente no. Lo que tiene misterio es la búsqueda. En mi última película, Sylvia es más un sonido que una persona, es el sonido de una palabra que nunca se encarna en una persona. Eso es lo que es un misterio. Al no concretarse ese misterio está gravitando en muchos rostros. Aunque sí que hay mujeres muy misteriosas.

-¿Por qué "Unas fotos en la ciudad de Sylvia"?

-En realidad la película surge como una variación de las fotografías. Son muy distintas. De entrada en las fotos hay un único punto de vista. El hombre que saca las instantáneas y que nunca se ve. A través de los textos va pensando una posible película y dialoga con legados culturales. Sin embargo, el largometraje ofrece la alternancia de dos puntos de vista: el del protagonista (que yo llamo el soñador) y la visión documental de la cámara, que se confrontan. La película es más radical porque no hay narrativa. El soñador simplemente mira y por eso representa el estatus del espectador. Me gusta ver este proyecto como variaciones del tema del flâneur y la fugitiva.

-Háblenos de su experiencia en la Bienal de Venecia.

-Pasado el desconcierto inicial del encargo, y de cómo me iba a relacionar con algo solemne como es el arte, lo aproveché para expresar cosas que no puedes hacer en una industria del cine cada vez más limitada. Esta experiencia me permitió pensar mi propio medio: el cine, a partir de otra instancia. Veinticuatro "cuadros" creaban una cierta secuencialidad. Era una manera de pensar el cine desde el espacio expositivo.

-¿A quién está dirigido su cine?

-A un espectador con curiosidad que quiera relacionarse con las imágenes que propongo. Cuando hago una película siempre me pienso a mí mismo como espectador. El hecho de ver películas es la experiencia que vertebra mi relación con el cine desde siempre.

-¿Le interesa el cine como mero espectáculo?

-Creo que hay momento para todo. Lo que pongo en cuestión es el sentido del espectáculo de las últimas décadas. Tengo debilidad por ciertos géneros populares del cine. Sobre todo cuando proceden más de la artesanía y la auténtica imaginación que de los intereses de los grandes estudios, que suelen generar cintas sin alma. Veo con simpatía y agrado el cine de terror y de serie B. Así como por toda la degradación del expresionismo alemán. También disfruto con los filmes de piratas y con el cine cómico mudo.

 

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