ALGUNA VEZ hemos hablado aquí de la diferencia entre talento e inteligencia. Lo primero hace referencia a las habilidades concretas para resolver lo inmediato, lo obvio; lo segundo implica una comprensión más general, una visión amplia de lo que implica cualquier actuación. Pues bien, en Canarias está claro que, cuando se legisla y se gestiona, se utiliza el talento, pero muy poco la inteligencia. No hay más que ver el resultado de tanto despropósito como se ha cometido y se ha desvelado con el tiempo. Y es que no se trabaja con visión de futuro.
Una de las últimas consecuencias de esta forma de proceder es la incapacidad de la economía canaria para recolocar a los numerosos parados que están surgiendo en la construcción. Al menos así lo sostienen diversos agentes económicos y sociales de las Islas con los que ha hablado EL DÍA. Uno de ellos es el director gerente de la Federación Provincial de Entidades de la Construcción de Santa Cruz de Tenerife (Fepeco), Óscar Izquierdo, quien se pregunta cómo va aplicar en la Islas el Estado su plan para reubicar a los obreros si "aquí no hay industria y los servicios no están absorbiendo los nuevos parados". Es decir, no hay otros trabajos para los albañiles y otros operarios de las obras porque: uno, no hemos sido capaces de crear un tejido industrial lo suficientemente amplio para que ahora pudiera acoger los excedentes de otros sectores como la construcción; y dos: el sector servicios debe de estar tan saturado -en gran parte por mano de obra extranjera- que ahora no hay posibilidad tampoco de servir de escapatoria para los nuevos parados. Se alega, además, desde Fepeco y desde algún sindicato que los obreros de la construcción en Canarias tienen una formación específica que los hace poco adaptables a otras ramas de la actividad, y que, por tanto, sería mejor buscar la fórmula de estimular la actividad dentro de su sector. Evidentemente, eso sería lo más deseable: que cada cual trabaje en lo que mejor sepa hacer. Pero si no es posible y el Estado pone a disposición de los nuevos parados 1.500 orientadores profesionales para que se reciclen y les da una paga adicional de 350 euros durante tres meses, rechazar esa oportunidad es tirar la toalla antes de tiempo y reconocer la falta de flexibilidad del mercado de trabajo canario para adaptarse a crisis como la actual. En definitiva, algo se ha hecho mal para que, después de tantos años de quejas empresariales por la falta de formación de los canarios y de la escasez de especialistas en la construcción, ahora choquen con el problema contrario, y hasta cierto punto sorprendente: que esos trabajadores han llegado a tal grado de especialización que ahora son incapaces de reconvertirse en camareros u operarios de cualquier fábrica. Lo dicho, falta de planificación y de visión de lo que podía pasar y ya ha pasado.
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