COMPRENSIVO lector: aburrido de los comentarios políticos, espero que mi sarcasmo de hoy sirva para reafirmar la tangible realidad de esta idiosincrasia nuestra.
Dicen que cada americano es especialista en lo suyo; no sabe de nada más, pero cada uno hace perfectamente su trabajo. Dicen que los japoneses trabajan a la perfección en equipos conjuntados y completos. Dicen que los chinos trabajan como eso, como chinos. Conocido es el trabajo serio en Centroeuropa, en donde destacan los "cabezas cuadradas" alemanes. Pues bien, yo diría que España conjuga todas esas cualidades con una particularidad: los españoles, pícaros e individualistas, además de eso, queremos saber de todo, meternos en todo y mandar en todo.
España ha fabricado su mayor buque de guerra de proyección estratégica. Un portaviones configurado para realizar operaciones anfibias, de despliegue combinado con el Ejército de Tierra, de objetivos alternativos, y, ¡cómo no!, para misiones humanitarias. La gran nave admite en su barriga aviones y helicópteros (lo lógico en estos casos) y hasta una gran farmacia debido a nuestro talante, ¡cómo no!, para ayuda humanitaria. Pero lo que resulta raro es que, además, lleve camiones y carros de combate con 913 hombres de Fuerza de Desembarco y 23 de Fuerza Naval. Por lo que yo me pregunto: con este talante? ¿para desembarcar en dónde y atacar a quién?
Siendo cadete en la Academia General Militar de Zaragoza, mi íntimo compañero de Artillería Jesús Pumar Moreira y yo formamos un "binomio combatiente" que pronto nos hizo famosos, aparte de por el espíritu guerrero, más aún, diría yo, por la agudeza para la crítica y arte para la ironía, contraviniendo uno de los artículos más elocuentes y significativos del Decálogo del Cadete: "¡No murmurar jamás ni tolerarlo!".
Y es que Jesús y yo, en los primeros pasos por aquel recinto castrense, ya empezamos a descubrir la debilidad española de acaparar todo. Y así, a los 23 alumnos restantes de nuestra aula de clase, antes de que llegara el profesor ("proto" se dice en las academias militares) les exponíamos nuestro gran invento de un portaviones. Pero con la particularidad de que no se fabricaría en astilleros como Cádiz, Cartagena o El Ferrol. ¡Que va!, ese buque tendría la ventaja de que se montaría íntegramente en Madrid? como casi todo. Jesús y yo ya nos dimos cuenta en nuestros primeras andaduras, él por Zaragoza y yo por la Península, de que todo en este país se suele hacer "en y desde" Madrid. Y, ahora más, a pesar de las comunidades esas; pero eso para otro día.
¡Madriz!: centro de todo, de los museos y de las artes. Artes, por decirlo de alguna manera, como los Premios Goya con el "vale para todo". Porque, si se acuerdan, la primera estatuilla del Goya tenía en el centro de su gran cabezón una enorme raja en la que en su interior iba algo así como un disquete en donde estaba recogido el acto de la entrega. Mayor catetada, jamás vista, fue eliminada en la siguiente edición. Sabia y certera decisión de no haber seguido partiéndole la crisma al insigne pintor.
El gran secreto de nuestro portaviones "autotransportable" consistía en que todas las pruebas de despegues, vuelos, ejercicios de fuego y de desembarco, con cañones, aviones ligeros y avionetas (en aquella época helicópteros pocos) tenían la ventaja de probarse todas en Madrid. ¿Cuál la sorpresa?: pues que en caso necesario se transportaría por tren allí a donde hiciera falta para hacerse a la mar. La increíble idea que nosotros explicábamos desde la tarima, e incluso desde la mesa del profesor, hacía sonreír al resto de los alumnos que escuchaban con suma atención desde sus pupitres. Pero el final de la historia se tornaba en risa abierta cuando, al ser botado nuestro portaviones y tocar agua..., inmediatamente se hundía. Nuestro gran invento polivalente servía para "andar" por la capital del Reino, pero no para "nadar" por la costa.
Por eso, Jesús y yo, coroneles ya retirados, pensamos que igual que a Goya dejaron de partirle la crisma, procuren, desde hoy mismo, no cargar más la barriga del nuevo portaviones "Juan Carlos I", que así se llama (¡qué originales!), con cosas innecesarias, no sea que dude en sus singladuras, pueda perder el rumbo, se parta por la mitad y se hunda en medio de la bahía.
Por lo que me tomo la libertad de mandarles este par de frases a manera de moraleja: "Quien mucho abarca poco aprieta"; y "No hay que ser tan versátil porque nos podemos convertir en volátil". Volátil en todas sus acepciones.
* Cadete de Infantería, constructor de buques y serviola
Nota: Se me había olvidado decirles que, al final de la exposición, la risa abierta se convertía en plena carcajada cuando, embebidos en aquel teatrillo, aparecía el proto, que, bastante furioso, decía lo de siempre: "Pallero y Pumar, después de la clase pasen por mi despacho". Uséase: fin de semana en el estudio de arrestados, sin salir a Zaragoza. Lo que nos daba más tiempo para pensar en más inventos? que se los contaré otro día.
© Editorial Leoncio Rodríguez, S.A. |Aviso legal | Mapa del sitio | Publicación digital controlada por OJD