AL TENERIFE no le sobran virtudes de las que presumir esta temporada, pero hasta el sábado no era un plantel dudoso de compromiso y de actitud. Otra cosa bien diferente es medir a este equipo en clave de calidad, de precisión o, por qué no, de ambición.
Lo que sucedió en Ipurúa, tal como lo contaron nuestros compañeros de radio, es diferente. Después de encajar el segundo gol muy pronto en la reanudación, los jugadores dieron el partido por perdido y abandonaron la pelea. Es raro que tiren la toalla teniendo en cuenta que hace sólo dos semanas igualaron un 2-0 en Córdoba. Pero lejos de especular basta con escuchar las declaraciones de los propios futbolistas, que admiten que hubo rendición anticipada. En el fondo creo que la plantilla del Tenerife no se ha llegado a ilusionar casi en ningún momento con la posibilidad de ascender esta temporada a Primera División. Los futbolistas tiene una claridad de análisis que tal vez no esté al alcance de todo el entorno y estos, los del Tenerife, saben que este no es el año. El equipo no está para eso, le faltan detalles importantes, jugadores desequilibrantes que le echen una mano a Nino y otro tipo de conducta en los partidos de fuera de casa. No hay que rasgarse las vestiduras porque ellos piensen así. Desde dentro se ve claro, tanto que el club no se planteó la exigencia del ascenso esta temporada. Bastante ha hecho Serrano con reflotar al equipo y ponerlo entre los 10 primeros. La próxima campaña ya será otra la exigencia. Ahora bien, lo que sucedió el sábado excede de lo disculpable.
Es preocupante que el Tenerife se abandone a 12 semanas del final. Aunque cumpla en casa, no se debe consentir que juegue fuera sin ambición. Este es un equipo en formación y de las costumbres que vaya fortaleciendo ahora va a depender su comportamiento la próxima campaña. La siguiente oportunidad de ganar fuera es el derby. Palabras mayores.
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