Gastronomía
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CAIUS APICIUS PERIODISTA

"No te quedes con hambre"

24/mar/08 19:42
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TODOS HEMOS OÍDO , y no alguna vez que otra, sino en bastantes ocasiones, de labios de nuestra abuela, de nuestras tías, también de nuestra madre, por supuesto de todo tipo de anfitriones, familiares o no: "come, come, no te quedes con hambre, ponte más". Quedarse con hambre. Suena ya raro, al menos en una sociedad medianamente desarrollada, que realmente ignora qué es eso, y ha acabado por llamar hambre a lo que no es más que apetito o ganas de comer. Y, aunque el Diccionario haga equivaler hambre con ganas de comer, todos sabemos que no es lo mismo, que ya no se trata de saciar el hambre física, sino de calmar el apetito, que es una cosa que tiene menos de física que de psicológica. En el subconsciente del español hay memoria de hambres pretéritas. Tampoco vayan ustedes a pensar que muy pretéritas. Naturalmente, la cocina popular, regional, tradicional española responde a esas hambres: se trata de llenar, de saciar, de espantar esos viejos fantasmas. Por supuesto, una cocina dirigida a saciar el hambre no puede ser alta cocina, no puede ser una cocina artística: eso viene sólo cuando, como decimos, las hambres han dejado su lugar al apetito. Pero aun hoy, en estos tiempos de cocina imaginativa, de vanguardia a veces delirante, de creatividad desbordada, en el subconsciente colectivo se sigue apreciando lo otro. Cuando un ciudadano medio nos cuenta una comida que ha hecho en tal o cual lugar, verán que en lo que insiste es, antes que en la calidad de lo comido, en la cantidad. "No te quedes con hambre". ¿Más? Un español, cuando se dirige a alguien que está comiendo o va a comer, le desea "buen provecho", o "que aproveche". Un francés, un italiano, en circunstancias similares, deseará al comensal "bon appétit" o "buon appetito"; al español, para qué nos vamos a engañar, no es necesario desearle buen apetito: como el valor en la antigua cartilla militar, se le supone, de modo que no hay más que decir que desearle que lo que va a comer le siente bien. Hoy, la crítica gastronómica nos habla de platos sutiles, casi imaginarios, servidos en cantidades muy medidas, con unas salsas, cuando las hay, que se han visto reducidas a una simple línea, a un adorno en el plato, cuyo fondo se ve sin dificultad. No. Hoy no hay hambres físicas, en la mayor parte de la población. Las hambrunas son cosas de otros países, de otros continentes. Y es entonces, cuando estamos ya saciados, cuando comer no es problema, cuando surge esa otra cocina que ya no tiene como objetivo llenar el estómago, sino dar placer a los sentidos. Que es... otra cosa.

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