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24/mar/08 19:42
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Asco y pena

Me dio asco ver a ZP, tras ganar las elecciones, acordándose de Isaías Carrasco.

En el fin de semana del terror, ETA y la partitocracia, una vez más, se vampirizan en la espiral del buitre y la carroña. Sólo le faltó al líder socialista descifrar la crudeza real del atentado terminando la frase con el subconsciente: "Gracias por los servicios prestados".

El líder del PP y sus portavoces no daban asco, daban pena. Sabedores de que esta vez la moneda había sido cruz para ellos, translucían en sus rostros una especie de frustración; en el subconsciente de más de uno, otra frase, "si Isaías hubiese estado afiliado al PP...".

De nuevo ETA y la partitocracia se abrazan. Da asco y pena. Los mismos sentimientos que me produjeron las imágenes de la viuda y la hija huérfana en todas las televisiones. Votando. No hacía falta decir a quién. Manipuladas ellas y manipulado el rebaño que acudió en masa a las urnas ante la llamada del terror.

Si hubiese democracia y yo eligiese mi diputado de distrito, o al presidente de la República, Isaías estaría vivo. No haría falta votar a nadie para derrotar a ETA. Las urnas y los chamanes del "como sí" ya no servirían... sus caretas y maleficios habrían sido sublimadas -muchas lunas atrás- en la hoguera de la verdad. Porque los días de la banda estarán contados a partir del momento en que los españoles conquistemos la libertad política, y con ella la democracia. En eso estamos. Mientras no se consiga, los buitres y la carroña seguirán dando eso: asco.

Isidro Fuentes, jr.

Euro... español

Vivimos en un país de contrastes. Agitamos un papelito que contiene una estadística y nos situamos no sé dónde de la "pole position", o en la "challengue league", como le gusta decir al líder carismático que nos gobierna. Además les encanta un índice, vaya como vaya el resto, siempre que les proporcione un buen y beneficioso titular justificativo.

Sin embargo, no somos un país moderno y progresista, por mucho que se empeñen en aprobar ineficaces leyes rompedoras, las más veces absurdas y teatreras.

Tenemos un PIB bajo, y un PIB/hab. real muy bajo. Tenemos un déficit externo enorme, el más grande, y eso sí es un índice oculto. Tenemos una inversión extranjera que tiende a cero, y una productividad en el piso. Unas leyes laborales desincentivadoras de creación de empleo estable, y las más veces imposibles de cumplir. Tenemos una normativa en todos los campos que la inmensa mayoría de los empresarios tampoco pueden ni intentar cumplirla, por lo que hay mas de un 25% de economía sumergida, que es una cuarta parte, con lo que implica de esfuerzo fiscal a las otras tres y a las zonas estancas donde es imposible sumergirse. Tenemos déficit de carreteras -ahí los muertos de tráfico-, de infraestructuras y de servicios públicos.

La sanidad es en algunas comunidades desastrosa, y el mal uso de la misma, así como de las prestaciones, es demoledor. La mano de obra o el empleo en general, el menos cualificado de Europa.

Nuestra valiente exportación no es competitiva y muy poco de alta tecnología por nuestro tradicional ninguneo al I+D, y no digamos a la innovación, que tratamos de suplir inútilmente con los ingresos turísticos, que son de pena comparados con el número de visitantes, pues recibimos la inmensa mayoría de los busca-precios.

Nuestra industria numantina no se codea con los grandes en prácticamente nada, salvo honrosas y valientes excepciones. Repasen: automoción, náutica, alta moda, diseño, electrónica, informática. Pero a mí el latiguillo pundonoroso de que aquí se vive bien no me sirve cuando veo el informe de Cáritas, única entidad fiable de verdad, que me hiela el alma.

A los economistas que decimos estas cosas se nos veta, veda y bota, de echar a la calle. Somos los crispadores, los enemigos de no sé qué y los antipatriotas. Los catastrofistas. Les suena ¿verdad? A mí mucho y eso que sólo viví los restos de la dictablanda del tardofranquismo.

Somos un país subvencionado y que quiere seguir siéndolo. Las últimas elecciones bien claro lo reflejan. Quieren más de lo mismo, en general, pero en Andalucía y Extremadura colistas europeos pero manumitidos, en particular, y en Cataluña y el Vasco muchos quieren irse después de la liquidación, y en Canarias y en Galicia, locos por ingresar en el paro. Y a los otros diez millones que no son del clan de clanes, ni agua, ni porque además sean casualmente quienes más aportan al conjunto ni por nada; con ellos ni se habla ni se pacta ni se negocia.

Tercermundismo de élite, bananerismo de alto standing. Turismo y construcción, pandereta y circo pero, no, pan no, otra de gambas.

Pues sí, basta de circunloquios y rodeos baratos. Que salgamos del euro propongo. Que devaluemos nuestra recuperada peseta como un 30% como mínimo, que volvamos a los 20 duros y que nos pongamos a tiro de las economías fuertes otra vez, 15 años al menos, hasta que hagamos los deberes definitivamente y cumplamos todos y con todo, no solo una temporadita. Y hasta que los derechos y prebendas se puedan aplicar a todos, no a unos pocos. Que vuelvan hasta los puertos francos a Canarias, y si hace falta, hasta la desgravación fiscal a la exportación.

Ahora a que me despellejen. Pero todos...

A reflexionar.

L. Soriano

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