F.A. FERRER, La Laguna
La paciencia humana tiene un límite. Y cuando lo que está en juego es la salud de un familiar, grave en este caso, ese límite se reduce de forma notable. No conviene medir el nivel de tolerancia de alguien que ve cómo su marido es despojado de un servicio que tiene por derecho y por consejo de una profesional del Hospital Universitario de Canarias: el de ser trasladado desde su hogar hasta el HUC para proseguir con el tratamiento indicado, un servicio que la empresa encargada de realizarlo no cumplió, hizo con demoras o efectuó con agravios.
Éste es el caso de Joaquín Hernández Reina, vecino de La Cuesta, muy conocido en el mundo del fútbol base por su labor al frente del Club Deportivo Arenas y por su compromiso con la organización del torneo de fútbol Rommel Fernández. A "Quino", como lo conocen en el mundillo del balompié, le comenzó el 3 de mayo de 2006 "un cosquilleo" en una pierna que derivó en una hemorragia en el lado derecho de su cuerpo y la consiguiente paralización de su hemisferio izquierdo.
Quino no podía mover ni un sólo dedo, y el neurólogo que lo atendía calificó su estado de "extremadamente grave". Durante cinco días, Quino estuvo "más allá que acá", según certifica su esposa, quien procuró insuflarle el ánimo necesario para salir adelante. Y lo consiguió. Los médicos lo atribuyeron "al de arriba", lógico, pues su mujer y sus muchos amigos estuvieron pidiendo por él día y noche.
Poco a poco la mejoría se fue haciendo patente y el 11 de junio pasó a planta para seguir con el tratamiento rehabilitador de forma ambulatoria, según figura en el informe de alta.
La doctora que lo atendió destacó la importancia de que su tratamiento no se interrumpiera, "ya que de ser así podía tener repercusiones negativas en su recuperación funcional".
Con el traslado desde su domicilio hasta el Hospital Universitario de Canarias asegurado por la doctora, la familia decidió llevárselo a casa y volver cada tres días para seguir con el tratamiento. "Pero si llegamos a saber esto, habríamos elegido la opción de que permaneciera hospitalizado para que pudiera seguir con la rehabilitación", indicaron.
En lista de espera.- Quino fue dado de alta y le anunciaron que una ambulancia iría a recogerlo a su casa para llevarlo al HUC y seguir con el tratamiento rehabilitador. Sin embargo, el mismo día 11, su esposa llamó al servicio y le dijeron que su marido "estaba en lista de espera para ser recogido".
Ante la posibilidad de que Quino se quedara sin tratamiento, su familia se movilizó y buscó un alternativa: un servicio de taxis-rampa, con coste a su cargo, claro.
Durante tres días a la semana, el taxi iba a las 11:30 horas a su domicilio y lo trasladaba al HUC, en donde a las 12:00 horas tenía programada la rehabilitación. Mientras, "seguían sin llamar para la ambulancia. Llamaba yo (su mujer) y decían que aún estaban esperando a que hubiera plazas".
La familia de Quino estuvo pagando el servicio de taxis, unos 600 euros en total, desde el 17 de julio hasta el 23 de agosto, cuando volvió de vacaciones la doctora que lo atendía. Fue ella quien, indignada, hizo que al día siguiente fuera a buscarle una ambulancia. "O sea, que cuando llamó la médico sí había plazas", se queja la esposa de Quino.
Cuando llegó la ambulancia los portadores no quisieron dejar que su esposa fuera con él, pero ella se aferró al informe de la doctora, que lo aconsejaba, y tuvieron que dejarle ir.
Y ahí comenzó la odisea hasta el HUC. Según cuenta la mujer de Joaquín, "aguantamos una semana con ese servicio porque se iban por otro camino más alejado del Hospital. Yo vivo al lado del Hospital Militar, y ellos fueron carretera abajo, dando tumbos, en unas condiciones nauseabundas y con mi marido atado con sogas a la cintura y yo agarrándolo para que no se cayera". "Iban por ahí para fastidiar a la empresa porque no están de acuerdo con sus condiciones de trabajo. Han tenido huelgas últimamente y los trabajadores están molestos", añadió.
Cuando por fin el tratamiento dejaba ver sus efectos, el mal volvió a hacer mella en Quino. De nuevo tuvo un derrame, aunque no tan grave, que lo mantuvo un mes desorientado y con afección en las lumbares.
Mucha gente afectada.- Ahora Quino vuelve a necesitar del traslado en ambulancia al HUC. Al igual que la última vez, está en lista de espera, el número 11, por lo que ya han vuelto a contratar el servicio de taxis. Un problema "que tiene mucha gente, muchos enfermos que necesitan un servicio y que por problemas internos de una empresa se ven privados de él".
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