ESCRIBIR de domingo a domingo tiene estas cosas. Entre el último artículo y el de hoy ha pasado toda la Semana Santa. Bien mirado, a Jesús no le hubiera venido nada mal haber hecho lo mismo. Se hubiera evitado la traición de Judas, las negaciones de San Pedro, los escupitajos de no sé cuántos, las lágrimas de María y las de la Magdalena, la corona de espinas, los clavos de la cruz y hasta la lanzada en el costado. Hubiera pasado de ser aclamado en Jerusalén a lomos de la borriquilla, a la grandeza de la Resurrección. Como si tal cosa. Como hemos pasado del invierno a la primavera. Casi sin darnos cuenta. Sin sufrimiento.
Cuando era niño siempre pensaba lo mismo. ¿Por qué, si era Dios, no se libró de tanta humillación, de tanto dolor? ¿Por qué, si era todopoderoso, no liquidó a todos aquellos "judíos" y romanos que con tanta inquina le trataron? Pero una Semana Santa tras otra ocurría lo mismo. Yo volvía -como lo hago ahora- a ver las películas de la Pasión y me volvía a estremecer y regresaban otra vez las mismas preguntas. "Para salvarnos?", "murió por nosotros?", me respondían. Y yo pensaba: ¿Para salvarnos de qué? ¿Para salvarnos de quién?
Todavía me impresionan esas imágenes que salen en las procesiones, pero no nos engañemos: el sentir general o mejor dicho, las preocupaciones de la gente son otras. El tiempo que va a hacer y lo que supone en posibilidades de ir a la playa o de viajar están por delante de la asistencia a los actos religiosos. A pesar de la grandeza de las representaciones que con tanto realismo se escenifican en muchos de nuestros pueblos, nos hemos alejado de todo esto. Ha pasado a ser contemplado. Como una obra de teatro. Como un espectáculo más de nuestra cultura o de nuestro folclore. Contemplado? no vivido.
Supongo que uno no puede ser más religioso en Semana Santa que en el resto del año. Que si no se asiste o se siguen con más o menos regularidad la liturgia y los actos religiosos, la Navidad o la Semana Santa también estarán marcadas más por las influencias del mercado -comidas, bebidas, celebraciones, viajes? vacaciones- que por las creencias religiosas que fueron su razón de ser. Hay una distancia innegable entre la inmensa mayoría de la sociedad y la Iglesia -aunque seamos en un noventa y tantos por ciento cristianos y católicos-. Un detalle: el año pasado, el Jueves Santo no fue festivo para los canarios. Este año, volvió a serlo. ¿Recuperación del fervor? Que va? La presión de hosteleros, hoteleros y otros particulares. En ese punto estamos.
Es posible que seamos muchos los que nos conformemos con esa creencia interior y personal apoyada en la comunicación directa con ese mismo Dios sin necesidad de intermediarios, lo que, por otra parte, no deja de ser bastante cómodo. Que nos exige muy poco en cuanto a asistencia a las iglesias, pero que nos deja la conciencia tranquila.
Es posible que todos hayamos fallado un poco. Es posible que no nos fiemos de los "intermediarios". Es posible, incluso, que nos sintamos mejor echándoles las culpas a ellos. Es posible que vivamos demasiado bien. Que necesitemos poco a Dios. Es posible que desde aquí arriba, desde el primer mundo, nos sintamos únicos responsables de nuestro bienestar. Es posible que Jesús tenga que volver. Y morir de nuevo. Y a lo mejor, cuando me vuelva a preguntar por qué tiene que soportar otra vez tanto sufrimiento, me cueste menos entender que lo hace por lo injusto que es que más de medio mundo viva en la más absoluta de las miserias. Sin libertad. Sin derecho a ilusionarse. Que todavía hoy tanta gente muera de hambre.
Feliz domingo.
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