G. MAESTRE, S/C de Tenerife
Un total de cien agentes del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil pertenecientes a ambas provincias canarias están realizando actualmente labores de protección y escolta a mujeres víctimas de malos tratos que pueden correr el riesgo de ser atacadas por sus parejas o ex parejas.
Concretamente, en la provincia de Santa Cruz de Tenerife se localizan 38 agentes, 16 pertenecen al Servicio de Atención a la Mujer (SAM) o al Servicio de Atención a la Familia (SAF), mientras que otros 17 están adscritos a la novedosa Unidad de Prevención, Asistencia y Prevención (UPAP) y que está en pleno despliegue en las Islas, ya que su implantación comenzó hace poco más de un año.
Por su parte, 5 agentes del Equipo de Mujer y del Menor (EMUME) de la Guardia Civil también ejercen esta importante labor. Destacan los que trabajan en la Oficina de Seguimiento a las Víctimas de Violencia de Género en el puesto de La Victoria de Acentejo, donde se atienden las necesidades de 11 municipios del norte de Tenerife.
A ellos se unen los 27 efectivos pertenecientes al SAF, una veintena más de la UPAP y otros 15 del EMUME en la provincia oriental.
La filosofía de trabajo de estos agentes policiales es que cada uno de ellos esté en contacto permanente con las víctimas de malos tratos, de manera que se familiarice con su entorno y con sus costumbres para determinar las posibles situaciones de riesgo y prevenirlas.
Es frecuente que, con el fin de garantizar su protección, la mujer incluso le facilite una fotografía que le permita tener identificado al posible agresor, y es que éste en ningún momento debe saber que la mujer está siendo protegida desde la distancia.
Realmente se trata de un recurso destinado a que las mujeres víctimas de malos tratos que dan el paso de presentar denuncias se sientan protegidas y puedan llevar a cabo su vida sin mayores problemas y sobre todo sin el temor permanente a ser atacadas.
El trabajo de los agentes va desde orientar a las mujeres para que realicen sencillas prácticas destinadas a garantizar su seguridad como, por ejemplo, echar un vistazo a la calle antes de salir de casa, mirar a su alrededor para detectar al posible agresor en las cercanías, etc., hasta el contacto telefónico diario para conocer las posibles incidencias y la evolución del caso.
Cada agente atiende las necesidades de una, dos o incluso tres mujeres, y para ello estudia en profundidad el caso, estableciendo el grado de riesgo que tiene, ya que en ocasiones las agresiones no es probable que pasen de los insultos o el escarnio público.
Se trata de un eficaz recurso de protección porque en caso de que la mujer observe alguna situación extraña, con sólo una llamada directa a su agente de referencia será atendida de inmediato.
Se da la circunstancia de que además estos miembros del CNP y de la Guardia Civil, como tales están capacitados para actuar ante cualquier situación de peligro para la mujer y, a la hora de un proceso judicial, su intervención puede resultar decisiva.
El único requisito que deben cumplir las mujeres para beneficiarse de esta escolta es que hayan presentado una denuncia formal por malos tratos o amenazas.
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