Estamos terminando uno de los inviernos más secos de los últimos sesenta años en todo el Archipiélago, con la única excepción de La Palma, en la que ha llovido en unas cuatro ocasiones. Sin embargo, el lenguaje que utilizan los medios de comunicación es el de buen tiempo. El lenguaje, como la economía, es hijo de los valores dominantes, cultura de ocio y playa.
La naturaleza y la agricultura han de estar subordinadas a los valores urbanos turísticos, en los que las nubes y las lluvias no están bien vistas, de tal manera que ni tan siquiera asociamos el agua del grifo a la lluvia. Pensamos que la desalación lo puede remediar, de tal manera que en una isla como Tenerife, donde más del 60 % del agua que obtenemos en galerías, pozos y manantiales la destinamos a consumo urbano, estamos por oír la menor preocupación sobre el abastecimiento.
Entremos en materia. No sólo no ha llovido, sino que ha dominado el peor régimen de viento que nos suele visitar, lo que llaman en el campo tiempo sur, es decir, viento del S.E., masa de aire con poca humedad, sin nubes, con polvo en suspensión. Tiempo problemático para la salud y para la vegetación, siendo aun más problemático en las laderas orientales al N. y N.W, al descender ladera abajo, como ocurre en los Valles del Golfo, Aridane o Tacoronte y Valle de Guerra con tiempo sur. Aumenta la evo-transpiración y, en consecuencia, la demanda de agua de las plantas se incrementa de manera considerable, máxime al perder el mar de nubes y la lluvia horizontal tan importante en las medianías del Norte y en los montes.
Una lectura preocupante, si valoramos la lluvia registrada en uno de los puntos más húmedos de Tenerife, Aguamansa en La Orotava. Los hechos no pueden ser más expresivos, las precipitaciones totales son las siguientes: octubre, 11 litros/m2, noviembre, 59 litros/m2, diciembre, 150 litros/m2, enero, 2 litros/m2, febrero, 48 litros/m2 y marzo, hasta el día de hoy, 18 de marzo, nada. Total, en los seis meses de invierno, 271 litros/m2.
Tengamos como referencia un lugar como Aguamansa, donde la precipitación media en los meses de invierno supera los quinientos litros, a los que hemos de añadir más de 40 días de tiempo sur y la casi carencia de vientos alisios a lo largo del invierno.
Aún estamos en marzo y la situación puede darnos un respiro si se producen nuevas precipitaciones. Sin embargo, las pérdidas en los cultivos de secano son importantes, sobre todo en papas, cereal y pastos. No olvidemos que las balsas las tenemos vacías, desde Trebejos hasta la Montaña de Taco, tema que agrava la complicada situación con el agua, tanto en calidad como en cantidad.
Por todo ello, parece lógico plantear que Canarias debe entrar en las zonas con la problemática de la sequía, como se ha planteado para otras comunidades de la Península. Unido a ello, la Comunidad Autónoma debe establecer una serie de medidas económico-ambientales para un verano que tenemos en la puerta, medidas que pasan también por hacer un uso más solidario del líquido elemento en los usos urbanos y medidas posibles a la vez para conseguir apoyos a los agricultores y ganaderos afectados.
* Área de Medio Ambiente y Paisaje del Cabildo Insular de Tenerife
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