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"DOÑA JOSEFA" ANDANZAS FRANCISCO BELÍN

Reverendas torrijas

20/mar/08 19:40
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AHORA QUE ESTOY ATAREADO en el cabrito, y para una vez que me pongo firme en prepararlo, no atiendo al timbre en estas instancias delicadas con el adobo. Pero es tal la insistencia, que pongo manos al delantal, que me entra la curiosidad. Me cambia el humor con la estampa beatífica de Doña Josefa, que, por cierto, me viene como anillo al dedo con sus sapiencias, que no voy yo por buen sendero, todo hay que decirlo. Entre ella, yo y el mortero media el barranco de Masca. -Hola mi niño, que te dejo coles y bubangos de la finca de Doña Hermógenes, y, mira, unas hebritas de greñamillo, que son tan diuréticas.-A través de sus gafas de concha atisba la cocina y muestra su clásico mohín, que no ve maña la señora en mis modos y formas con el baifito. -Espero, señor mío, que esta carne sea consumida más tarde que pronto, que ya sabe que estamos en Jueves Santo y hay que atemperar la chicha, ¡ay Jesucristo Crucificado, cómo pasa el tiempo de rápido! Con los brazos en jarras y una mirada de repaso a las viandas, doy a entender a esta cristiana que no sólo me está costando cuadrar la receta, sino que lo que de mesa y mantel me menciona no es santo de mi devoción. Doña Josefa, que se las sabe todas, coge un delantal, se pone como hormiguita en las perolas -fingiendo que es la ayudanta- y defiende esa tradición rica en variedades sin asomo de cárnicos. -Mire, joven, usted se marca en los días de respeto unos garbanzos con espinacas y bacalao, que se relame hasta el arzobispo de Compostela y que se harta de repetir hasta el más ateo. Además, añada unas torrijitas bien azucaradas o unos buñuelos con anís, y no le quiero ni contar. -Que sí, Doña Josefa, que yo soy respetuoso con las encomiendas de la Santa Madre Iglesia, pero en los asuntos del estómago y el paladar el diablo sabe que juega malas pasadas, y que la carne, nunca mejor dicho, es débil. En casa de mis abuelos, devotos del Señor de la Cañita, se servían caballas orondas, jareas de vieja, un pisto pálido y hasta una ropa vieja de pulpo. -Ya ve mijo, que no cuesta nada hacer un sacrificio esos días de recogimiento y luego mata la magua con una carne cabra en Tejina, donde Epifanio y Rosa. -¡Bueh! Se lo prometo cristiana.- Ahora sirvo dos vasitos de malvasía y Doña Josefa me hace una carantoña en los mofletes. Como quien no quiere la cosa, y con sus canturreos gomeros, la señora me deja el cabrito "en bandeja". Se santigua y brinda. -De esto damos buena cuenta el Domingo de Resurrección, como está mandado. Y, de postre, un Ave María.

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