ES ESTA una razón estructural, que a mí me parece consecuente, que hizo que Renán, que fue uno de los interesados en buscar los entresijos de las naciones , sus orígenes y fundamentos, dijera que éstas se construyen sobre el olvido: "La convivencia en común sólo es posible olvidando los agravios y las violencias ejercidas mutuamente unos sobre otros".
Lo manifestado, así, de pronto, encierra un contrasentido cuando más de una vez nos hemos pronunciado sobre que la historia de los pueblos es determinante para entender la situación real de los mismos y que es la historia una de las exigencias necesarias para desarrollar la conciencia nacional de una colectividad. Sin embargo, esto que en buena parte es así para saber además por el tramo vivencial que circulamos, con inteligencia debe ensamblarse con el olvido.
Ahí están los catalanes, reivindicando su tierra como una nación, y lo hacen sin tapujos de ninguna clase y en la calle una y otra vez. Lo mismo los vascos, que continúan proclamando sus derechos para mantenerse firmes en la idea de consolidar a Euskadi como nación. Así como los gallegos del Bloque Nacionalista. Y nosotros, desde la vertiente del nacionalismo canario, ¿qué? Debemos hacer lo mismo, airear, sacar a la luz y con los suficientes arrestos ideológicos aquello que sustenta la teoría, que no es otra cosa que llegar a la construcción de Canarias como nación.
La memoria es necesaria porque conduce y estimula, pero es más productivo -y más en ciertos momentos en que las convicciones nacionalistas no son "universales"- manejar ésta con más tino que entonces. Y ahí debe aparecer el "olvido" como pieza fundamental para armar la construcción nacional.
Y cuando me refiero al olvido, al de Renán, es para que mediante su presencia se condicionen determinadas voluntades que "bloqueen" a los demonios dormidos que ante una nueva visión de la historia pudieran soliviantarse y entrar en el terreno de las ideologías con un rugido estremecedor y destructor.
Cuando hablo de olvido pretendo hacerlo para que las palabras que se pongan dentro los argumentos sean los que la mayoría decida pero con proyección de futuro, ya que si nos esforzamos por rescatar viejas leyendas que no dicen sino que dificultan quizás se pierda el tiempo al atravesar un marasmo difícil de discurrir y por el que huirá la esperanza de lograr el objetivo buscado.
Olvido para iniciar un etapa diferente manteniendo los posicionamientos políticos necesarios exentos de resabios, que miren hacia adelante para no mezclar los condicionantes de ahora con los anquilosamientos de los viejos tiempos y que no sean éstos los que impulsen la idea, porque de ser así sería la frustración, y más de lo mismo que daría continuidad al adormilamiento entonando no se sabe qué letra de una canción hecha para la desmotivación y la desidia política.
Y no es que se pretenda aniquilar la historia y asfixiar la memoria, ni mucho menos, sólo incitar a la reflexión porque la historia por sí misma a veces no decide, no camina y desde un inoperancia latente y según quien nos la relate sitúa a unos y a otros en capítulos diferentes.
Tendremos que hacer la historia, fabricar una nueva, consecuente y decidida y tener, eso sí, como soporte no la revancha, no la sumisión, no la intransigencia, no los cantos de sirena, sino el olvido.
Con el olvido establecido introyectado en la conciencia de una colectividad seguro que se podrá elaborar una nueva teoría que contribuya al fortalecimiento del nacionalismo. (Y estoy pensando, por supuesto, en el nacionalismo canario).
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