Garachico (A Carlos Acosta)
En un tranquilo lugar
apacible y sosegado,
entre la cumbre y el mar
y por las olas bañado,
se halla un pueblo, muy cuidado,
de carácter singular.
Nacido en la pleamar
y crecido entre blasones,
ha sentido en ocasiones
su existencia peligrar.
Pero su afán y entereza
y su orgullo engrandecido,
avanzar le han permitido
con pundonor y nobleza.
Si bien designios adversos
le han querido mutilar
sepultando en sus entrañas
su salida al ancho mar,
ha logrado con grandeza
esta prueba superar.
Construye calles y plazas,
castillos y monasterios
donde nobles y plebeyos
rezan o velan sus armas.
Mucha gente muy sencilla
muy culta y hospitalaria
tiene en su haber esta villa
en la rama literaria,
y personajes ilustres
en la historia legendaria.
Es alegre y divertida;
blanca, limpia y señorial,
garbosa y ennoblecida
y acogedora ancestral.
En jolgorio popular
tanto el pobre como el rico,
se divierten por igual
el día de San Roquito.
Enrique Díaz Martín
La magia del carnaval chicharrero
Humor, color, fantasía,
brillaron en el gran Coso,
que se ha hecho muy famoso,
porque genera alegría.
Arte, belleza, armonía
se exterioriza a raudales.
Son ingredientes normales,
ya que así olvidarás,
con careta o antifaz,
los problemas personales.
La fiesta carnavalera
es lindo entretenimiento
y refleja el sentimiento
de la ciudad chicharrera.
Se disfraza aquí cualquiera
y tiene la oportunidad
de cambiar de identidad.
Se divierten en la calle
y gozan del gran detalle
de fingir la realidad.
No es mi intención criticar;
mas no aparto de la mente
que los "vecinos de enfrente"
nos quieren siempre imitar,
incluso hasta superar.
Su interés en cada instante
es ponerse por delante.
Ahora están con retintín
presumiendo del drag queen
como tema muy brillante.
Y es mejor que haya rivales
en todas las poblaciones,
porque surgen ilusiones
pa'hacer buenos Carnavales.
Así, las dos capitales
y otra cualquier población
pueden crear emoción.
Bajo mi punto de vista,
el Carnaval pa'l turista
ejerce mucha atracción.
Felipe Juan González García
Recuerdos de la edad primera
Cuando recuerdo la piedad sincera
con que en mi edad primera
entraba en nuestras viejas catedrales.
Donde postraba ante la cruz de hinojos
alzaba a Dios mis ojos.
Soñando en las venturas celestiales.
Hoy que mi mente atónita golpeo
y con febril deseo
busco los restos de mi fe perdida
por hallarla otra vez radiante y bella
como en la edad aquella
¡desgraciada de mí diera la vida!
Adriana de Arroyo Xuárez de la Guardia
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